francisco_mendez
Poeta recién llegado
PerROSAS III
Al final,
la tristeza se aburre y pierde filo.
A los solos nos sobra tiempo
y deliramos que tenemos sueños.
A los amantes les sobran suspiros
y deliran por un beso.
Los amantes se ven perfectos,
se idolatran, se tienen.
Se retuercen en sus mágicos fluidos,
mientras sus dulces muertes
estén vigentes y no hayan caducado.
Los solos caminamos descalzos
entre sueños húmedos de árido despertar,
y tememos no morir.
La risa del silencio nos acompaña
y a veces hasta le sonreímos.
Amantes y solos,
somos entusiastas participes
en las orgías desenfrenadas
de lo que fue, de lo que nunca paso
y de lo que no sabemos porque sucedió.
Al final,
los solos con una esperanza en fase terminal,
soltamos prosas perras y rabiosas
que hablan del amor y otras pendejadas.
Y aquel hastío iracundo que componía nocturnos a vaginas revoloteantes,
termina por suicidarse.
Los amantes, en sus mutuas ausencias,
ven las horas derretirse.
Luego fornican mejor que ayer
y jadean prosas rosas
que los hacen tocar el cielo.
Aprendices de loco,
practicantes de imbécil.
Así somos amantes y solos.
Reímos, lloramos, disimulamos.
Al final,
amantes y solos,
paseamos por cada rincón del vacío
con una brillante esquela
in memoriam del dolor,
del amor,
de la masturbación y el tibio sexo.
Hay felaciones que se compran con palabras dulces e hipócritas.
Hay ternura fantástica
que se compra con la imagen de un cuerpo desnudo.
Hay prosas perras.
Hay prosas rosas.
Prosas que reptan,
vuelan,
caminan erectas
y se untan en las vulvas y penes resecos.
Prosas que son la entraña palpitante de nuestras historias tan bizarras y sin final comprado.
Hay amantes solitarios y solitarios amantes.
Hay días que parecen noche
y noches que parecen limbo.
Hay olvidos con delirios de grandeza
y grandezas que no aguantan un desprecio.
Hay coitos tan suaves como rosas
y calenturas tan bravas como perras.
Onomatopeyas de ira,
de lujuria,
de soberbia...
Silencios, gritos, susurros...
Voces de amantes y solos.
Prosas perras que se degradan como la mierda,
prosas rosas que duran un suspiro.
Al final,
la tristeza se aburre y pierde filo.
A los solos nos sobra tiempo
y deliramos que tenemos sueños.
A los amantes les sobran suspiros
y deliran por un beso.
Los amantes se ven perfectos,
se idolatran, se tienen.
Se retuercen en sus mágicos fluidos,
mientras sus dulces muertes
estén vigentes y no hayan caducado.
Los solos caminamos descalzos
entre sueños húmedos de árido despertar,
y tememos no morir.
La risa del silencio nos acompaña
y a veces hasta le sonreímos.
Amantes y solos,
somos entusiastas participes
en las orgías desenfrenadas
de lo que fue, de lo que nunca paso
y de lo que no sabemos porque sucedió.
Al final,
los solos con una esperanza en fase terminal,
soltamos prosas perras y rabiosas
que hablan del amor y otras pendejadas.
Y aquel hastío iracundo que componía nocturnos a vaginas revoloteantes,
termina por suicidarse.
Los amantes, en sus mutuas ausencias,
ven las horas derretirse.
Luego fornican mejor que ayer
y jadean prosas rosas
que los hacen tocar el cielo.
Aprendices de loco,
practicantes de imbécil.
Así somos amantes y solos.
Reímos, lloramos, disimulamos.
Al final,
amantes y solos,
paseamos por cada rincón del vacío
con una brillante esquela
in memoriam del dolor,
del amor,
de la masturbación y el tibio sexo.
Hay felaciones que se compran con palabras dulces e hipócritas.
Hay ternura fantástica
que se compra con la imagen de un cuerpo desnudo.
Hay prosas perras.
Hay prosas rosas.
Prosas que reptan,
vuelan,
caminan erectas
y se untan en las vulvas y penes resecos.
Prosas que son la entraña palpitante de nuestras historias tan bizarras y sin final comprado.
Hay amantes solitarios y solitarios amantes.
Hay días que parecen noche
y noches que parecen limbo.
Hay olvidos con delirios de grandeza
y grandezas que no aguantan un desprecio.
Hay coitos tan suaves como rosas
y calenturas tan bravas como perras.
Onomatopeyas de ira,
de lujuria,
de soberbia...
Silencios, gritos, susurros...
Voces de amantes y solos.
Prosas perras que se degradan como la mierda,
prosas rosas que duran un suspiro.