Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Las dos vertientes de mi poesía.
La crítica de la autocrítica.
La ciencia inútil del pensamiento humano.
La medicina para las enfermedades crónicas, y/o terminales.
El iluso que cree en el amor, porque cree que lo ha sentido.
Las palabras hirientes y autoconvincentes.
Los comentarios oscuros y siniestros.
La estrategia del plan en que nadie escarba ni lee entre líneas.
La autodestrucción y el asolamiento de la concepción, sea ésta de quien sea.
La tozudez del hombre que cree en que puede morir en paz.
O en que la muerte es precisamente para descansar.
La impersonalidad de mis versos.
El hombre de a pie que no cree en Dios.
El hombre devoto que sí lo hace.
La integridad del aprovechamiento de la retórica.
La verdad
-esa perpetua incognoscibilidad que mueve los hilos-.
El cerebro en que creen quienes no abren su mente.
¿Cómo iba este mundo de mierda a remover a Dios?
Y lo más simpático es que quienes piensan que todo va bien...
Ni siquiera tienen un plan divino.
La crítica de la autocrítica.
La ciencia inútil del pensamiento humano.
La medicina para las enfermedades crónicas, y/o terminales.
El iluso que cree en el amor, porque cree que lo ha sentido.
Las palabras hirientes y autoconvincentes.
Los comentarios oscuros y siniestros.
La estrategia del plan en que nadie escarba ni lee entre líneas.
La autodestrucción y el asolamiento de la concepción, sea ésta de quien sea.
La tozudez del hombre que cree en que puede morir en paz.
O en que la muerte es precisamente para descansar.
La impersonalidad de mis versos.
El hombre de a pie que no cree en Dios.
El hombre devoto que sí lo hace.
La integridad del aprovechamiento de la retórica.
La verdad
-esa perpetua incognoscibilidad que mueve los hilos-.
El cerebro en que creen quienes no abren su mente.
¿Cómo iba este mundo de mierda a remover a Dios?
Y lo más simpático es que quienes piensan que todo va bien...
Ni siquiera tienen un plan divino.
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