Nunca conocí sus hondas y verdes praderas
Donde arremolinaba ese frio viento grisáceo
Que resbalaba cansado entre sus cordilleras,
Pero conocí tus ojos llenos de ese verde
Como aquella pradera que levanta el cenizo
Y Se alza bajo el rojizo crepúsculo y muerde.
Nunca conocí sus pálidos y fríos montes
Donde caminan ocultos los enamorados
Y el anciano anda a dejar allí todos sus antes,
Pero conocí tus brazos tu cuello y tu pecho
Que se elevan como trofeo de leche y sal,
Conocí tus brazos donde duermen mis recuerdos
Tu cuello por donde camina y danza el cristal
Mis labios y mis dedos lo recorren cansados.
Nunca conocí las tardes donde el sol brillaba
Y dejaba caer una cortina dorada,
Pero conocí tu sonrisa, y tu pelo, amada,
Y aquel, se desenredaba con cada destello
Caía como una cascada tibia en mi cuello
Y se detenía como un rio húmedo en mi dedo,
Nunca conocí sus calles anchas y vacías
Tristes y solitarias, que parecen a mí
Triste y apagado, mientras las grises farolas
Titilan como estrellas roncas, mudas y sordas
Que cuelgan libres sobre la plaza de Arequipa,
Pero conocí tu soledad y mas tu ausencia
Esas que siempre me hacen menos falta que tu,
Esa soledad, que siempre es más tuya que mía
Y tu ausencia y mis silencios que tú bien conoces.
Nunca conocí sus días y tardes lluviosas
O sus noches llenas de una capa de frio invierno,
Pero conocí contigo esas lágrimas densas
Heladas e infinitas de un beso frio y eterno
Y esas gélidas noches en soledad sin techo
Donde tus brazos se hacían mucho mas ausentes
Incluso más aun que los latidos de mi pecho.
Nunca conocí esas fuentes: claras, cristalinas,
Ni sus luces palpitantes que callan de noche
Ni el aire tibio que rosa en la frente y las venas
Donde los amorosos se aman bajo su broche,
Pero te conocí a ti, y a tus abrazos tibios,
Tu mirada: agua pura y tu risa de hilos rubios.
Nunca conocí sus atardeceres bermejos
Donde el sol se acostaba como gota escarlata.
Conocí tu faz sonrojada por mis cortejos
Mientras decía: te quiero, como cuerda rota.
Nunca conocí sus casas, pequeñas de sol
Impregnadas de ese tu clásico aroma a flor
Con el que carga siempre tu cuello de resol
Oliendo siempre a ciénaga y a luz seca amor,
Llegue a mirar en tus ojos, todo el resplandor
Lobezno e ignoto que desprendía la luna
En las noches, que como hoy, te recuerdo nocturna.
Yo nunca pude conocer sus frescos lugares
Sus personas sus días sus noches y quererlas
Pero te conocí, y tus estados bipolares
Tus amistades y te pude querer a ciegas
Nunca conocí Perú, pero conocí a vos.
Donde arremolinaba ese frio viento grisáceo
Que resbalaba cansado entre sus cordilleras,
Pero conocí tus ojos llenos de ese verde
Como aquella pradera que levanta el cenizo
Y Se alza bajo el rojizo crepúsculo y muerde.
Nunca conocí sus pálidos y fríos montes
Donde caminan ocultos los enamorados
Y el anciano anda a dejar allí todos sus antes,
Pero conocí tus brazos tu cuello y tu pecho
Que se elevan como trofeo de leche y sal,
Conocí tus brazos donde duermen mis recuerdos
Tu cuello por donde camina y danza el cristal
Mis labios y mis dedos lo recorren cansados.
Nunca conocí las tardes donde el sol brillaba
Y dejaba caer una cortina dorada,
Pero conocí tu sonrisa, y tu pelo, amada,
Y aquel, se desenredaba con cada destello
Caía como una cascada tibia en mi cuello
Y se detenía como un rio húmedo en mi dedo,
Nunca conocí sus calles anchas y vacías
Tristes y solitarias, que parecen a mí
Triste y apagado, mientras las grises farolas
Titilan como estrellas roncas, mudas y sordas
Que cuelgan libres sobre la plaza de Arequipa,
Pero conocí tu soledad y mas tu ausencia
Esas que siempre me hacen menos falta que tu,
Esa soledad, que siempre es más tuya que mía
Y tu ausencia y mis silencios que tú bien conoces.
Nunca conocí sus días y tardes lluviosas
O sus noches llenas de una capa de frio invierno,
Pero conocí contigo esas lágrimas densas
Heladas e infinitas de un beso frio y eterno
Y esas gélidas noches en soledad sin techo
Donde tus brazos se hacían mucho mas ausentes
Incluso más aun que los latidos de mi pecho.
Nunca conocí esas fuentes: claras, cristalinas,
Ni sus luces palpitantes que callan de noche
Ni el aire tibio que rosa en la frente y las venas
Donde los amorosos se aman bajo su broche,
Pero te conocí a ti, y a tus abrazos tibios,
Tu mirada: agua pura y tu risa de hilos rubios.
Nunca conocí sus atardeceres bermejos
Donde el sol se acostaba como gota escarlata.
Conocí tu faz sonrojada por mis cortejos
Mientras decía: te quiero, como cuerda rota.
Nunca conocí sus casas, pequeñas de sol
Impregnadas de ese tu clásico aroma a flor
Con el que carga siempre tu cuello de resol
Oliendo siempre a ciénaga y a luz seca amor,
Llegue a mirar en tus ojos, todo el resplandor
Lobezno e ignoto que desprendía la luna
En las noches, que como hoy, te recuerdo nocturna.
Yo nunca pude conocer sus frescos lugares
Sus personas sus días sus noches y quererlas
Pero te conocí, y tus estados bipolares
Tus amistades y te pude querer a ciegas
Nunca conocí Perú, pero conocí a vos.
Gracias. Erick Gutiérrez Granados
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