ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
PESA LA TARDE
Pesa la tarde si recuerdo
los arbustos pequeños
(ahora árboles)
que plantaron nuestras manos,
los ladrillos cuidadosamente
acomodados,
y aún esos pájaros
de súbita presencia
en vuelos muy dispares
con destinos finalmente tan inciertos.
Pesa la tarde cuando traigo
de regreso los momentos más primeros,
los inicios
que contrastan con un ahora
casi concluyente.
Pesa la tarde a la sombra
de una asímétrica construcción desarrollada
por el tiempo y sus momentos,
por lo hablado
y por la falta de palabras,
por sueños hechos relidad incontrastable
mientras nos olvidamos de concretar
lo tácito, lo no soñado
o lo anhelado
devenido en construcción desmoronada.
Pesa la tarde y otras aves
que no son aquellos pájaros de entonces,
cuando emprenden su vuelo
perseverantes más que entusiasmadas
permiten avizorar, aunque distino,
un mañana
arribo pasible de otros sueños.
Entonces lo que llaman la experiencia
dueña de la esperanza más fundamentada,
ante las aves, los sueños, otro sol
y un día siguiente
aún con su alcance limitado
hace que la tarde quieta
por los frenos de la ausencia
anunciados por presencias incompletas,
sin aminorar su peso,
pese menos.
Pesa la tarde si recuerdo
los arbustos pequeños
(ahora árboles)
que plantaron nuestras manos,
los ladrillos cuidadosamente
acomodados,
y aún esos pájaros
de súbita presencia
en vuelos muy dispares
con destinos finalmente tan inciertos.
Pesa la tarde cuando traigo
de regreso los momentos más primeros,
los inicios
que contrastan con un ahora
casi concluyente.
Pesa la tarde a la sombra
de una asímétrica construcción desarrollada
por el tiempo y sus momentos,
por lo hablado
y por la falta de palabras,
por sueños hechos relidad incontrastable
mientras nos olvidamos de concretar
lo tácito, lo no soñado
o lo anhelado
devenido en construcción desmoronada.
Pesa la tarde y otras aves
que no son aquellos pájaros de entonces,
cuando emprenden su vuelo
perseverantes más que entusiasmadas
permiten avizorar, aunque distino,
un mañana
arribo pasible de otros sueños.
Entonces lo que llaman la experiencia
dueña de la esperanza más fundamentada,
ante las aves, los sueños, otro sol
y un día siguiente
aún con su alcance limitado
hace que la tarde quieta
por los frenos de la ausencia
anunciados por presencias incompletas,
sin aminorar su peso,
pese menos.
::