Jack Sparrow
Poeta reconocido
[FONT="]Todavía conservo el miedo de la pesadilla,
[FONT="]el pavor que me hiela, que me inmoviliza.
[FONT="]Soñé que odiaba, y aún me espanto.
[FONT="]Llevaba ceño fruncido y mirada de fiscal.
[FONT="]Tenía un vasto repertorio de desprecios
[FONT="]dermatológicos. Mi dedo zigzagueaba con
[FONT="]firmeza; mi olfato de sabueso reconocía
[FONT="]los malos olores; mis papilas negras, de
[FONT="]gourmet, separaban los sabores de los ascos.
[FONT="]Aún tengo miedo y con la debilidad que oculto
[FONT="]bajo la almohada, lloró por los que, en el sueño,
[FONT="]se veían distinto a mí.
[FONT="]Soñé y aún me queman las palmas, todavía tiembla
[FONT="]mi pulso avergonzado, sin querer, de rato en rato,
[FONT="]abro las manos asustado, para soltar el termómetro,
[FONT="]con el que tomaba la temperatura de los orificios
[FONT="]de hombres y mujeres, yo solo, era una inquisición
[FONT="]de gestos y maneras, de besos y abrazos degenerados.
[FONT="]Aunque ya no quede oscura noche para hacer escenario
[FONT="]del espanto, siento miedo al recordar la furia con la que
[FONT="]mis ojos pateaban a los que amaban distinto a mí.
[FONT="]Soñé, y me es difícil quitar el oxido que el sudor ansioso
[FONT="]impregnó en mis huellas dactilares, con cadena,
[FONT="]llave y candado, encerraba ideas solo porque no las entendía.
[FONT="]Aún me escarapelo. Soñé que tenía razón, y por lo tanto,
[FONT="]era innecesario razonar. Entonces a cada paso, sintiéndome
[FONT="]poderoso cancerbero, odiaba a los que pensaban distinto a mí.
[FONT="]En un recodo apacible del sueño, yo era un ángel caído,
[FONT="]al que compasivamente Dios perdonaba: No importa cuantas
[FONT="]veces caigas, lo importante es que te levantes.
[FONT="]En la peor parte del sueño, Dios me besaba los pies.
[FONT="]el pavor que me hiela, que me inmoviliza.
[FONT="]Soñé que odiaba, y aún me espanto.
[FONT="]Llevaba ceño fruncido y mirada de fiscal.
[FONT="]Tenía un vasto repertorio de desprecios
[FONT="]dermatológicos. Mi dedo zigzagueaba con
[FONT="]firmeza; mi olfato de sabueso reconocía
[FONT="]los malos olores; mis papilas negras, de
[FONT="]gourmet, separaban los sabores de los ascos.
[FONT="]Aún tengo miedo y con la debilidad que oculto
[FONT="]bajo la almohada, lloró por los que, en el sueño,
[FONT="]se veían distinto a mí.
[FONT="]Soñé y aún me queman las palmas, todavía tiembla
[FONT="]mi pulso avergonzado, sin querer, de rato en rato,
[FONT="]abro las manos asustado, para soltar el termómetro,
[FONT="]con el que tomaba la temperatura de los orificios
[FONT="]de hombres y mujeres, yo solo, era una inquisición
[FONT="]de gestos y maneras, de besos y abrazos degenerados.
[FONT="]Aunque ya no quede oscura noche para hacer escenario
[FONT="]del espanto, siento miedo al recordar la furia con la que
[FONT="]mis ojos pateaban a los que amaban distinto a mí.
[FONT="]Soñé, y me es difícil quitar el oxido que el sudor ansioso
[FONT="]impregnó en mis huellas dactilares, con cadena,
[FONT="]llave y candado, encerraba ideas solo porque no las entendía.
[FONT="]Aún me escarapelo. Soñé que tenía razón, y por lo tanto,
[FONT="]era innecesario razonar. Entonces a cada paso, sintiéndome
[FONT="]poderoso cancerbero, odiaba a los que pensaban distinto a mí.
[FONT="]En un recodo apacible del sueño, yo era un ángel caído,
[FONT="]al que compasivamente Dios perdonaba: No importa cuantas
[FONT="]veces caigas, lo importante es que te levantes.
[FONT="]En la peor parte del sueño, Dios me besaba los pies.
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