Poeta Olvidado
Poeta recién llegado
Pesares de un día cualquiera
Un día cualquiera miro por la ventana, lo que antes fue un mar azul se ha convertido en un infinito desierto. Me pregunto como nosotros, los humanos, podemos llegar a contradecirnos tanto. Ojalá nos volviéramos todos ciegos, mas de lo que ya estamos, para dejar de ver todo lo malo que pasa por delante. Por un instante me gustaría olvidar, o al menos dejar de pensar, en todo aquello que hemos hecho mal. Vivimos en un sueño, un sueño que nos hemos creado nosotros mismos y, por mal o por bien, podríamos llegar a morir por este sueño. Aveces pienso que yo, al igual que algunos otros, soñamos en algo diferente, tenemos otra concepción de vida.
Yo sueño en que algo, mas allá del ser o del pensar, pondrá en orden todo aquello que hemos destruido. Sueño en una llama que nos quemará la ira y nos encenderá el amor. Por desgracia no suelo soñar muy a menudo, justo al contrario; suelo vivir el día a día, criticando o apoyando, pero nunca me propuse a acabar esta historia, nunca me propuse hacer algo para todos. Si me dispusiera a hacerlo, estoy seguro de que la ultima cosa que aria es cuestionarme a mi mismo, no me pondría a dudar de capacidades. Estoy seguro que daría todo por soñar, por hacer cambiar. Y sé, que apartando las miles almas inconscientes que se lleguen a cruzar en mi camino, encontraré a personas que tengan la misma razón de vivir. La razón de unir lo blanco y lo negro, la razón de perdonar al mas malvado y de amar al mas despreciado. Pues es esto de lo que las inconscientes almas carecen.
Ojalá, por un simple instante, todo fuese perfecto. Ojalá todas las flores florecieran, y salieran sonrisas de puros corazones. Que por un momento el mundo se pare, y la mentira deje las armas. El recuerdo olvidará sus propios principios. Que la gente se acepte, tanto a los otros como a ellos mismos. Que cerremos los ojos y desaparezca el odio racial y la furia política. Ojalá, por un simple instante, todo el mundo supiese amar y ser amado, supiese criticar y ser criticado, supiese vivir y dejar vivir. Pues seré yo, quien les enseñe a soñar, que es lo que mas les hace falta. Saber soñar, saber vivir. Al fin y al cabo; soñar es vida, y la vida, es un sueño.
Un día cualquiera miro por la ventana, lo que antes fue un mar azul se ha convertido en un infinito desierto. Me pregunto como nosotros, los humanos, podemos llegar a contradecirnos tanto. Ojalá nos volviéramos todos ciegos, mas de lo que ya estamos, para dejar de ver todo lo malo que pasa por delante. Por un instante me gustaría olvidar, o al menos dejar de pensar, en todo aquello que hemos hecho mal. Vivimos en un sueño, un sueño que nos hemos creado nosotros mismos y, por mal o por bien, podríamos llegar a morir por este sueño. Aveces pienso que yo, al igual que algunos otros, soñamos en algo diferente, tenemos otra concepción de vida.
Yo sueño en que algo, mas allá del ser o del pensar, pondrá en orden todo aquello que hemos destruido. Sueño en una llama que nos quemará la ira y nos encenderá el amor. Por desgracia no suelo soñar muy a menudo, justo al contrario; suelo vivir el día a día, criticando o apoyando, pero nunca me propuse a acabar esta historia, nunca me propuse hacer algo para todos. Si me dispusiera a hacerlo, estoy seguro de que la ultima cosa que aria es cuestionarme a mi mismo, no me pondría a dudar de capacidades. Estoy seguro que daría todo por soñar, por hacer cambiar. Y sé, que apartando las miles almas inconscientes que se lleguen a cruzar en mi camino, encontraré a personas que tengan la misma razón de vivir. La razón de unir lo blanco y lo negro, la razón de perdonar al mas malvado y de amar al mas despreciado. Pues es esto de lo que las inconscientes almas carecen.
Ojalá, por un simple instante, todo fuese perfecto. Ojalá todas las flores florecieran, y salieran sonrisas de puros corazones. Que por un momento el mundo se pare, y la mentira deje las armas. El recuerdo olvidará sus propios principios. Que la gente se acepte, tanto a los otros como a ellos mismos. Que cerremos los ojos y desaparezca el odio racial y la furia política. Ojalá, por un simple instante, todo el mundo supiese amar y ser amado, supiese criticar y ser criticado, supiese vivir y dejar vivir. Pues seré yo, quien les enseñe a soñar, que es lo que mas les hace falta. Saber soñar, saber vivir. Al fin y al cabo; soñar es vida, y la vida, es un sueño.