J.D. Velasco
Poeta recién llegado
El color de tu piel sombría la noche,
y la pluviosa brisa perpetúa retornaba
hacia el cielo en su invasión de rosales,
flores y tulipanes que salían de tú alma
y se posaban en tu piel.
Pero eras tú, con ese color profundo incendiario.
Los caracoles en el mar, en donde te llevé como mi ola
Poderosa, como un volar de gaviota,
como el viento a sus hojas y como tu piel a mis labios.
Eres la mujer de los ojos tristes que alegro al besar.
Eres lo infinito del alba y el ocaso del mar.
Y dicen que las estrellas no se pueden tocar,
basta para mí, tocar el color de tu piel.
Diáfanos amaneceres contigo,
el diluvio de palabras bellas llenan tu alma taciturna,
quizá nunca te pinte en tus ojos las rosas,
pero si impregné en tu piel, mis palabras amorosas.
y la pluviosa brisa perpetúa retornaba
hacia el cielo en su invasión de rosales,
flores y tulipanes que salían de tú alma
y se posaban en tu piel.
Pero eras tú, con ese color profundo incendiario.
Los caracoles en el mar, en donde te llevé como mi ola
Poderosa, como un volar de gaviota,
como el viento a sus hojas y como tu piel a mis labios.
Eres la mujer de los ojos tristes que alegro al besar.
Eres lo infinito del alba y el ocaso del mar.
Y dicen que las estrellas no se pueden tocar,
basta para mí, tocar el color de tu piel.
Diáfanos amaneceres contigo,
el diluvio de palabras bellas llenan tu alma taciturna,
quizá nunca te pinte en tus ojos las rosas,
pero si impregné en tu piel, mis palabras amorosas.