Pez grande en charca pequeña

TouchingGod

Poeta recién llegado
De pequeños, en el jardín de infancia
hay dos tipos de niños raros;
aquel que no se relaciona con nadie
excepto con los insectos, y en ocasiones llega a comer tierra
y otro tipo de niño raro es aquel que nunca juega al fútbol y
siempre está rodeado de niñas.

Yo reunía el perfil de este segundo freake
nunca descubrí la magia del fútbol patio
(que se aleja mucho del fútbol auténtico)
43 niños sin ningún distintivo en la vestimenta
que los diferencie de su equitación
corriendo detrás de un balón durante media hora
para más tarde, ya en clase,
vanagloriarse se haber tocado la pelota dos veces,
a lo sumo, durante todo el recreo.

Yo prefería conocer al genero opuesto,
me fascinaba pasar mi tiempo con personas que no tenían pito entre las piernas
-¿Por que ellas no tendrán pito?- Me preguntaba
Muchos apuntaban a que yo iba a ser marica, un buen marica.
Nadie imaginaba el gran lesbiano que yo llevaba dentro.

Mi realidad en la comunidad de vecinos donde vivía
era bien distinta, yo era el niño más pequeño de un grupo de veintitantos
y la lluvia de ostras me caía día sí y día también.
En el colegio yo protegía a las niñas mientras jugaban a la comba,
si algún niño osaba interrumpir la tranquilidad de ellas,
yo entonces, le hacía participe de la realidad de mi vecindario.
Ellas a cambio me dejaban que les levantara la falda y no se chivaban a la profesora.
Me había convertido en su héroe,
en su chulo,
en su proxeneta del jardín de infancia,
y eso era algo que me encantaba.
 
De pequeños, en el jardín de infancia
hay dos tipos de niños raros;
aquel que no se relaciona con nadie
excepto con los insectos, y en ocasiones llega a comer tierra
y otro tipo de niño raro es aquel que nunca juega al fútbol y
siempre está rodeado de niñas.

Yo reunía el perfil de este segundo freake
nunca descubrí la magia del fútbol patio
(que se aleja mucho del fútbol auténtico)
43 niños sin ningún distintivo en la vestimenta
que los diferencie de su equitación
corriendo detrás de un balón durante media hora
para más tarde, ya en clase,
vanagloriarse se haber tocado la pelota dos veces,
a lo sumo, durante todo el recreo.

Yo prefería conocer al genero opuesto,
me fascinaba pasar mi tiempo con personas que no tenían pito entre las piernas
-¿Por que ellas no tendrán pito?- Me preguntaba
Muchos apuntaban a que yo iba a ser marica, un buen marica.
Nadie imaginaba el gran lesbiano que yo llevaba dentro.

Mi realidad en la comunidad de vecinos donde vivía
era bien distinta, yo era el niño más pequeño de un grupo de veintitantos
y la lluvia de ostras me caía día sí y día también.
En el colegio yo protegía a las niñas mientras jugaban a la comba,
si algún niño osaba interrumpir la tranquilidad de ellas,
yo entonces, le hacía participe de la realidad de mi vecindario.
Ellas a cambio me dejaban que les levantara la falda y no se chivaban a la profesora.
Me había convertido en su héroe,
en su chulo,
en su proxeneta del jardín de infancia,
y eso era algo que me encantaba.
Siempre la mujer portadora de secretos que se ambicionan, aún en la más tierna infancia. Gran Poema. Mis saludos.
LUIS.
 
Estimado compañero... Agradezco tu piropo a mi poesía. Un saludo y espero cruzarme de nuevo con nuestras historias. Saludos
 
De pequeños, en el jardín de infancia
hay dos tipos de niños raros;
aquel que no se relaciona con nadie
excepto con los insectos, y en ocasiones llega a comer tierra
y otro tipo de niño raro es aquel que nunca juega al fútbol y
siempre está rodeado de niñas.

Yo reunía el perfil de este segundo freake
nunca descubrí la magia del fútbol patio
(que se aleja mucho del fútbol auténtico)
43 niños sin ningún distintivo en la vestimenta
que los diferencie de su equitación
corriendo detrás de un balón durante media hora
para más tarde, ya en clase,
vanagloriarse se haber tocado la pelota dos veces,
a lo sumo, durante todo el recreo.

Yo prefería conocer al genero opuesto,
me fascinaba pasar mi tiempo con personas que no tenían pito entre las piernas
-¿Por que ellas no tendrán pito?- Me preguntaba
Muchos apuntaban a que yo iba a ser marica, un buen marica.
Nadie imaginaba el gran lesbiano que yo llevaba dentro.

Mi realidad en la comunidad de vecinos donde vivía
era bien distinta, yo era el niño más pequeño de un grupo de veintitantos
y la lluvia de ostras me caía día sí y día también.
En el colegio yo protegía a las niñas mientras jugaban a la comba,
si algún niño osaba interrumpir la tranquilidad de ellas,
yo entonces, le hacía participe de la realidad de mi vecindario.
Ellas a cambio me dejaban que les levantara la falda y no se chivaban a la profesora.
Me había convertido en su héroe,
en su chulo,
en su proxeneta del jardín de infancia,
y eso era algo que me encantaba.


Es encantador y para todos los públicos, desde luego creo que podría ser un poema para niños muy educativo, ya me hubiera gustado poderselo leer a mi hija cuando fue pequeñita, lo disfrutaría mucho. Lo que si me puso un poco nostálgico fue lo de las niñas jugando a la goma, hoy me crucé con una nena de unos 5 años mirándose a si misma o quién sabe en un enorme teléfono móvil.

Muchas gracias por la sutileza de tu obra.

Un abrazo.

Jon

PD: por lo que veo no perdiste el tiempo en tus días escolares.
 

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