Nommo
Poeta veterano en el portal
Éramos los dos, testigos mudos de un acontecimiento musical.
El sonido de las esferas planetarias, universal y sideral.
Pero nos afligía la potestad de los cuerpos celestes,
para envolvernos en un halo de pequeñez increíble, anónima y evidente.
Nos recogimos en una cabaña, situada en un bosque, junto a un río.
Nos recogimos y guardamos silencio, después de nuestra visita al espacio exterior.
Aquel concierto de música clásica nos hizo asombrarnos, mas nos volvió humildes.
Y el conocimiento empieza en el asombro, según Sócrates.
Por lo cuál, decidimos aprender a tocar el piano, los dos.
Y no podíamos hacer el Amor ni acariciarnos, mutuamente.
No podíamos celebrar el apogeo sexual de nuestra madurez.
Tampoco podíamos pervertirnos, en esos cielos poblados por ángeles y maestros de luz.
Por ello, un poco esclavos sí nos sentíamos. Como Jesús de Nazareth.
Nobleza obliga a saber perder, de vez en cuándo.
Pero con estos versos, yo te estoy besando.
El sonido de las esferas planetarias, universal y sideral.
Pero nos afligía la potestad de los cuerpos celestes,
para envolvernos en un halo de pequeñez increíble, anónima y evidente.
Nos recogimos en una cabaña, situada en un bosque, junto a un río.
Nos recogimos y guardamos silencio, después de nuestra visita al espacio exterior.
Aquel concierto de música clásica nos hizo asombrarnos, mas nos volvió humildes.
Y el conocimiento empieza en el asombro, según Sócrates.
Por lo cuál, decidimos aprender a tocar el piano, los dos.
Y no podíamos hacer el Amor ni acariciarnos, mutuamente.
No podíamos celebrar el apogeo sexual de nuestra madurez.
Tampoco podíamos pervertirnos, en esos cielos poblados por ángeles y maestros de luz.
Por ello, un poco esclavos sí nos sentíamos. Como Jesús de Nazareth.
Nobleza obliga a saber perder, de vez en cuándo.
Pero con estos versos, yo te estoy besando.
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