Byroniana
Poeta fiel al portal
Pides, como buen pedidor
Pedías un poema directo. Pues bien,
aquí tienes. Fuerte, altivo, pedante,
discreto, imperante. ¿Pedías un poema,
o pides mi arte? ¿Pides mi alma,
o pides amarte? Pides bien, mucho,
pero bien. Espera, vas a ver. ¡Vas a ver!
Pides que te guarde pacto de amor eterno,
que me deshaga cuando te oiga,
que me desviva cuanto te nombre,
que me desnude cuando me rompas.
Pides, como buen pedidor, rosas,
pides cuentos de príncipes y princesas,
de castillos, nieve, espinas, y muchas cosas.
Pides las muertes que llevo encima,
los imposibles que llaman vida.
Pides matarme de amor por si acaso
me das la Luna, pides todo.
Y me pides a mí contigo. Me pides a mí.
Me pides compartir tu vida entera
o dejarte morir. Me pides soltar
a la indiferencia dañina que estorba
mis ojos, derrocar frivolidades que
duermen conmigo a todas horas,
me pides, rendido a mi alma,
y hasta con sangre en las manos
si de tu sangre estoy hecha,
que me desarme ante ti.
Me pides hacerte en Poesía
lo que a solas hago siempre.
¿Sabes lo que pides? Lo sabes.
Sabes que pides el mejor arte
y a la mejor artista, sabes bien.
Pides a quien sabe hacer la vida
con renglones torcidos maestros.
Pides al que siempre pintó
el amor y nunca lo dio.
Pides el verso más caro
y la escultura mejor lograda.
Pides, en fin,
que practique la escuela
donde claudiqué mi fe
con estilo flamante.
Y pides que anuncie
en renuncia mi falso edicto.
Que te Ame, tan seguro lo
pides que me está dando vértigo.
Humilde y débil. Ya no estoy fuerte,
que me toca responder a las súplicas
descaradas que en mí reviertes.
Me toca decir que te cedo mi obra
de arte en el amor que me resta
por los tiempos de los tiempos,
venideros amantes.
Por la historia de la historia,
censurarme. Amarte.