Estimado Sr. Polar:
Con mucho gusto contestaré a sus insinuaciones y preguntas. En principio veo que no empezamos bien:
Me vienen al recuerdo, poemas de un etarra, que tambien escribia sonetos.
Una lógica impecable. Un silogismo irrefutable:
1. Recuerdo poemas de un etarra, que también escribía sonetos.
2. Francisco Redondo, cuyo soneto comento, también los escribe.
3. Ergo ¿qué? ¡Ahí queda la insinuación-descalificación-insulto.
¿Por qué me recordará esto otros silogismos semejantes:
1. Sabemos de etarras que tenían ácido bórico en su cocina.
2. Se sabe de islamistas del 11-M que también tenían ácido bórico en su cocina.
3. Ergo ¿qué? ¡Ahí queda la insinuación-sospecha-campaña!
La palabra tambien es un arma compleja.
Así es, en efecto, Gabriel Celaya, a quien admiro decía, un poco mejor que usted y que yo, que
la poesía es un arma cargada de futuro . Cada uno elige la trinchera en que la usa; mi elección resulta obvia y estoy muy orgulloso de ella ¿Cuál es la suya? Tampoco va a resultar muy difícil averiguarla.
No entiendo muy bien la razón de meter a Cristo en este soneto.
Me resulta demagógico y confuso. (La opinion es propia).
Perdone. Meto a Cristo y meto al Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española vigésima segunda edición de 2001, es posible que a usted se le haya olvidado tildar esta inclusión de demagógica por analogía. Pero trataré de explicar mi intención con estas inclusiones. No soy cristiano, pero, quizá para sorpresa suya y de tantos resulta que tengo una cierta predilección por esa figura histórica de hombre benéfico y profético, por lo que nos ha llegado de él, y tengo el honor de guiarme a veces por ese faro utópico que significó su palabra.
Ya ve usted, muchos de los que no tenemos la arrogancia de llamarnos cristianos no estamos dispuestos a renunciar al Jesús histórico, tan nuestro como de ellos o más porque nosotros no hemos dado la vuelta del revés a su doctrina pasando por alto lo de que
es más fácil a un camello pasar por el hondón de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios Marcos, 10, 25 para convertir su memoria, de hecho, en un instrumento ideológico al servicio de los poderosos de la Tierra, de Constantino hacia acá.
Pero ¿por qué menciono a Cristo y su enseñanza en este soneto? Muy sencillo: en este soneto estoy denunciando el Gran Crimen por excelencia: el Crimen (en estos momentos se habla de 600.000 muertos [30.000 tan solo en las primeras oleadas de bombardeo] consecuencia del estado de cosas resultantes de invadir un país mediante una acción carente por completo de legitimidad), que realiza el Poderoso en estos momentos el Mayor Poder de la Tierra. Es fácil llamar criminal, con razón o sin ella, a quien carece de poder: al pobre, al vencido, al preso, al perdedor, al raterillo o al rufián de poca monta; pero decírselo al que manda de verdad, y con ese poder mal ejercido realiza crímenes de lesa Humanidad, como es el caso, requiere algo más de valor y algún ejemplo egregio. Y decir esa entre otras verdades era el ejemplo y la orden que nos dio Jesús de Nazareth. El mandato, la exigencia de veracidad, si es preciso contra el poderoso, fue su constante consejo y la causa de su muerte. Jesús no nadaba a favor del Poder, como los que ahora se reclaman de él (con honrosísimas pero escasas excepciones que reconozco). A ello aludo, con ello me justifico y de ello me enorgullezco. Si critico y condeno a los responsables reales de una guerra de invasión, siempre injusta, y más si se consideran decenas o centenares de miles de víctimas colaterales, es muy probable, casi seguro, que vaya en la línea de Jesús. Incluso su católica sucesora solo considera guerra justa la guerra defensiva contra un enemigo invasor.
Por otra parte si quiere le explico por qué aludo al diccionario: quería expresarme con precisión, espero no lo considere demagogia.
¿Escribiras otro soneto sobre Afganistan?
¡Es inaudito! Usted qué sabe de lo que yo opino sobre la intervención armada en Afganistán para prejuzgar sobre ello. Otra vez más habla sin conocer y se equivoca.
Es bello señalar soneteando. (Parezca que el poeta gana puntos).
Quizá usted no lo comprenda, pero escribo lo que siento de la mejor manera que sé. Lleve a otro sitio sus insinuaciones y sus insidias.
Un saludo,