Ricardo Alvarez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Quizástu voz callada
sea eldolor en esta piedra de silencio,
declinadoprecipicio en cataratas lacrimales
fluyendoal abismo de húmedas pestañas.
En elgrito mudo, perpetuas espinas se clavan
sobreel faro mustio de la razón que no comprende.
Quizásesta charca anegada de quejidos
enredeentre mis manos rajadas ochavas,
atraviesesignos de pesadumbre en el alma
confilosas hileras de navajas inclementes.
Talvez la indómita bestia desatada
andegalopando sobre mis entrañas
ysalpique sangre de mis heridas que no cuajan.
En lostizones la carne es llaga inerte
penetrandohasta los huesos que arden en fogatas
crinesde mis corceles briosos.
y enmitad de sombrías penumbras ciegas
trepanensombras oscuras en mis femeras desgastadas
sea eldolor en esta piedra de silencio,
declinadoprecipicio en cataratas lacrimales
fluyendoal abismo de húmedas pestañas.
En elgrito mudo, perpetuas espinas se clavan
sobreel faro mustio de la razón que no comprende.
Quizásesta charca anegada de quejidos
enredeentre mis manos rajadas ochavas,
atraviesesignos de pesadumbre en el alma
confilosas hileras de navajas inclementes.
Talvez la indómita bestia desatada
andegalopando sobre mis entrañas
ysalpique sangre de mis heridas que no cuajan.
En lostizones la carne es llaga inerte
penetrandohasta los huesos que arden en fogatas
crinesde mis corceles briosos.
y enmitad de sombrías penumbras ciegas
trepanensombras oscuras en mis femeras desgastadas