Miguel Lares
Poeta recién llegado
Piel de corazón
Le pintaba los colores encendidos
de gozoza memoria,
sentándome a soñar
mientras veía como iba extinguiéndose la luz,
a travez del lugar.
Uno de sus extremos se fundía como azúcar
en un liquido caliente,
otro se hinchaba disperso
alimentando ese beso; que no se contiene.
Ni el corazón tiene una piel
como la de las serpientes,
que se la cambia
cada temporada como la moda de las mujeres.
Ni los latidos, ni el corazón
acostumbran a impregnarse del zumo de las abejas,
ni hay hombre que pueda contemplar viscera
tan delicada entre las manos.
Aquella piel de corazón formado cuyos encantos
del rico color, de lugar, de besos, el parque, la banca do eliseo de amor,
pues si estuviese vivo moriría en el intento
y si muerto, no podría contemplarla.
Le pintaba los colores encendidos
de gozoza memoria,
sentándome a soñar
mientras veía como iba extinguiéndose la luz,
a travez del lugar.
Uno de sus extremos se fundía como azúcar
en un liquido caliente,
otro se hinchaba disperso
alimentando ese beso; que no se contiene.
Ni el corazón tiene una piel
como la de las serpientes,
que se la cambia
cada temporada como la moda de las mujeres.
Ni los latidos, ni el corazón
acostumbran a impregnarse del zumo de las abejas,
ni hay hombre que pueda contemplar viscera
tan delicada entre las manos.
Aquella piel de corazón formado cuyos encantos
del rico color, de lugar, de besos, el parque, la banca do eliseo de amor,
pues si estuviese vivo moriría en el intento
y si muerto, no podría contemplarla.