Qué escalofrío me recorre
al sentir tu fría piel.
De metal bruñido,
se impone tu silencio,
tu natural rigidez;
de sonámbula mirada,
fija, molesta,
sin párpados que poder cerrar,
sin pulmones para respirar,
sin conciencia que traicionar.
Parece que me escrutas,
que me valoras,
juez sin voz;
y hay cierto desdén,
desde tu postura,
hacia tu creador.
Creo que me gustaría
oír tu opinión;
lo que albergas
hacia este inventor;
si hay satisfacción
en tu existencia de acero
o me reservas,
dentro de tus márgenes,
sólida repulsión.
Y sin embargo,
puedes ser tan bello,
en actitud estática
ó con tus resortes en acción,
lentamente moviéndote
a través de la habitación,
crisálida férrea, surgiendo
de su diseñado caparazón.
al sentir tu fría piel.
De metal bruñido,
se impone tu silencio,
tu natural rigidez;
de sonámbula mirada,
fija, molesta,
sin párpados que poder cerrar,
sin pulmones para respirar,
sin conciencia que traicionar.
Parece que me escrutas,
que me valoras,
juez sin voz;
y hay cierto desdén,
desde tu postura,
hacia tu creador.
Creo que me gustaría
oír tu opinión;
lo que albergas
hacia este inventor;
si hay satisfacción
en tu existencia de acero
o me reservas,
dentro de tus márgenes,
sólida repulsión.
Y sin embargo,
puedes ser tan bello,
en actitud estática
ó con tus resortes en acción,
lentamente moviéndote
a través de la habitación,
crisálida férrea, surgiendo
de su diseñado caparazón.