piel de seda
y esas, -tus espinas-
rasgando, lacerando...
Estepa desértica habitándola
ahogada en sus lágrimas.
Estelas de silencios...
Zarcillos suspendidos
en el púrpura, que hoy, viste al cielo.
De su alfabeto, no quedan buenos recuerdos...
Sólo una súplica callada
dispuesta a su cancerbero
-la puerta- sigue cerrada
¡y un tren!...no espera viajeros...!