Gustavo Soppelsa
Poeta recién llegado
Todo el country enceguecido
asegura
que Paula está en una jaula.
Eso nos dicen de Paula.
Ni se enteran
que se escapa tras un ave
de Entre Ríos
de naranja.
Anda loca,
como una pingüina extraña,
dominada
por una pasión rojiza,
azulada, tan brillante
que te engaña.
Pocas veces los pingüinos
de Pilar, ya se sabe,
casi adivinos,
borravinos, con sus techos
angulosos, tan alpinos,
advirtieron
en un ave ribereña,
ese conjunto
de manías mesopotámicas
nada halagüeñas.
Es notable: porque Paula
aun privada de volar
por dos mil jaulas
es capaz
de emotivas y artísticas hazañas.
Pinta un gato
insensato
de ocho patas
y él, demente,
la regaña.
Con su lente
entrerriana, trivial,
y bivalente
el insano
ahí aguarda
como siempre,
esa imagen felina
tan frecuente
y sólo ve,
insistente,
en el cuadro
aparecer algo así
como una araña
y la regaña:
¡Surrealista!
¡Dios la asista!
Y la salve de él,
que le repite,
incansable,
que nunca antes
en su oscura existencia
miserable
fue asolado
como ahora
por erecciones
tan continuas,
tan estables.
¡Dios la salve!
asegura
que Paula está en una jaula.
Eso nos dicen de Paula.
Ni se enteran
que se escapa tras un ave
de Entre Ríos
de naranja.
Anda loca,
como una pingüina extraña,
dominada
por una pasión rojiza,
azulada, tan brillante
que te engaña.
Pocas veces los pingüinos
de Pilar, ya se sabe,
casi adivinos,
borravinos, con sus techos
angulosos, tan alpinos,
advirtieron
en un ave ribereña,
ese conjunto
de manías mesopotámicas
nada halagüeñas.
Es notable: porque Paula
aun privada de volar
por dos mil jaulas
es capaz
de emotivas y artísticas hazañas.
Pinta un gato
insensato
de ocho patas
y él, demente,
la regaña.
Con su lente
entrerriana, trivial,
y bivalente
el insano
ahí aguarda
como siempre,
esa imagen felina
tan frecuente
y sólo ve,
insistente,
en el cuadro
aparecer algo así
como una araña
y la regaña:
¡Surrealista!
¡Dios la asista!
Y la salve de él,
que le repite,
incansable,
que nunca antes
en su oscura existencia
miserable
fue asolado
como ahora
por erecciones
tan continuas,
tan estables.
¡Dios la salve!