• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Piso la tierra que arde-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo piso la tierra que arde

el material delicuescente que

asciende como pira incontenible,

desmarco los hondos surcos de mi rostro

en impetuosa marca horizontal, y descreo

de todo dios no servible a lo vertical.

Me inutilizan las llaves matemáticas

su acero impredecible y su maquinaria

azul celeste que maneja, la sabiduría

occidental; yo accedo al receptáculo,

al imperio sublimado del sol, al admirativo

son de los ritmos tribales perdidos,

los pies que arden, me ratifican, voy

supremamente descalzo, invocando palabras

que ni yo mismo entiendo, y surgen voces,

sótanos, oscuras palomas de un techo hundido,

bóveda de mil madres. Su sonido desliza y contribuye,

destila azul de cielo y me comen las jóvenes hormigas

que se acumulan en mi noche. Anteceden los giros

de los noctámbulos, las acrobacias impagables

de un grito ajeno, el minúsculo porvenir de una navaja

desfiladero de un trayecto oriundo de la nada; me comen

sí, el guante de desidia, su fragante delito de almacén desposeído.

Me seducen los latidos sinuosos de la reina materna

su bronca suicida que aprovechan los consejeros provectos del

viejo y amonestador monarca, y lío en mi cerebro todo lo que

consigno como amedrentador, vacío, intimidatorio, yo le pongo

palabras al vacío, a su redimido silencio que practican

sumos sacerdotes con sus barbas blancas e inflexibles.

Cargo contra el mundo a mi favor, no rehago cenizas,

escuchen, no rehago cenizas. Los sueños son porvenires

de un acontecimiento indefinible, y en su largo provecho,

asisten una multitud de acróbatas temidos desde el cielo más

impositivo, todo en mí se torna maleza, crepúsculo, sueño derrotado.

Mas consiento que la naturaleza humana

es así, frustración, fracaso, desorientación, confusión.

Y en los recibidores, donde se asumen perfectamente

los líquidos y las cinturas, se pronuncian con toses, los frecuentes

amantes del candil y la luciérnaga. Pero yo miro, miro y observo

esa pulcritud de los objetos los baúles las marcas horizontales

de mi cara, su sustento de trenes boca abajo, todos sostenidos

por la perfección de un carro tirado por bueyes y solsticios.

La huella de mis zapatos hambrientos de deseo

nutre a los árboles de enfrente, y surjo de las luces

ocasionales que maldicen los suburbios y las anguilas.

Esa infame cosecha de triunfos derrocará por siempre,

el estigma de mi frente, de mi sien, oh Absalón, pretérito

juez del fuego!©
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba