Placer y Beatitud

dragon_ecu, la concupiscencia flagrante tiende a obscurecer la luminosa aura anímica. Que en carro espiritual de fuego divino ha ido a residir en el solaz corporal del ser humano. Hombres pervertidos como el Marqués de Sade han hecho mucho daño a la verdadera religión. Con su ateísmo recalcitrante. Y, así, vanagloriándose de la inexistencia de Dios creería poseer como medio para sus caprichos sexuales a jóvenes novicias o niños inocentes en flor. Es imprescindible la sagrada disciplina de la reflexión metafísica. Para, así, recobrar el coraje de la purificación espiritual que llevará a la gloriosa venida del arquitecto numen que en nuestro interior mora. Y que con tierno amor desea revelar la Verdad para salvación de nuestras almas. Atentamente Edouard.
 
Alecctriplem, en la conducta humana hay una dualidad metafísica y empírica a la vez. Cada vez que nos dejamos llevar por el fluir en devenir del cosquilleo libidinoso perdemos en cierta medida el aura divina. Que es el que nos da la gracia para, intelectualmente, elevarnos hacia la altura activa del entendimiento agente al que se le suele llamar Dios. Por eso, ya en la edad media se mortificaban los monjes para denigrar la concupiscencia y, así, purificar el intelecto de toda perturbación que los alejara del " ora et labora ". Atentamente Edouard.
 
LUZYABSENTA, esa libertad para desencadenar las pasiones corporales, como tú dices que " animales " que somos, nos pervierte en cierta medida la causalidad trascendente para desdoblarnos en Espíritu puro. Sí, es cierto que hace falta dolor para que sea el acicate cruel que nos enerve hacia la contemplación beata de Dios la intelección infinita que no tiene fin. De ahí que los ateos se desesperen en tal búsqueda. Sólo, el entrañable monje, en su obscura celda de una medieval abadía, se sentirá tentado por esos instintos sensuales a los que tiene que renunciar por Amor a la pureza del Yo Interior. Nietzsche se habría quejado poderosamente. Exclamando con ironía vitalista que las intenciones corporales han sido desfiguradas por el clero. Afirmando este estamento que eran el origen del pecado. Algo que para nuestro filósofo alemán sería una mentirosa demonización de los impulsos naturales. De ahí la histórica dialéctica entre el Bien y el Mal que ha recorrido el pensamiento occidental a lo largo de los siglos. Agradecido por tu gusto por mi aforismo singular se inclina reverente Edouard.
 

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