Plan de aterrizaje para Lucas y Danilo

El Arethra

Poeta recién llegado
Lo que se da es un cuadro de niñez galopante,
por circunstancias de la edad.
Si se escruta más de cerca probablemente
broten desde el sueño manadas de jirafas,
todo tipo de sustancias pegajosas,
y ciclos infinitos de berridos y chupetes.
He contado más o menos veinte dedos
cinco en cada minúscula manito,
imagínense ustedes una mano de pochoclo,
tramando conquistarnos el pulgar.
Uno los observa y alberga la sospecha
de que existen universos de duendes imposibles
escaladores de tetas, relojes asesinos,
ovillitos de lana de la otra dimensión.
Y entonces se les dá por sonreir
disparando a quemarropa
misteriosas muecas de encías despobladas,
como si un resorte invisible respondiera
con payasos de peluche y bromas excelentes.
Cuando tal fénomeno sucede,
he notado que todo cuanto me rodea
me parece más que fabuloso.
Hasta les podría perdonar
esa fuerza vital empeñada en crecer,
en girarnos el espejo de repente
y darnos un sentido de existencia.
 
aquí voy otra vez...
toqué algo y se me borró lo que había escrito...

te decía que este poema lo leí por primera vez en tu hervidero... y me pareció brillante... y ahora que lo vuelvo a leer destella todavía más sobre mis ojos...

no puedo entender cómo nadie te dejó un comentario...

la sensibilidad con la que hablás de esa niñez galopante, la verdad, me parece admirable.

me encandilan esas manadas de jirafas
los veinte dedos,
cinco en cada minúscula manito


la sospecha
de que existen universos de duendes imposibles
escaladores de tetas, relojes asesinos,
ovillitos de lana de la otra dimensión...

y esas misteriosas muecas de encías despobladas...

Del final... qué decirte...
es sorprendentemente acertado...

Yo, alguna vez miré a mi sobrina de 2 años con los mismos ojos... y sentí, también que su fuerza vital empeñada en crecer, le daba sentido a mi existencia.
 
Paula; es cierto, de todos mis poemas, este es el más... como decirlo. El más auténtico y menos artificioso. Los causantes de tamaño desacierto son mis dos sobrinos, los mismo del título, seres misteriosos y dulcemente nefastos.
Supongo que el sentido de la vida tiene formas de llamarnos la atención, si me pongo tan idiota frente a estos dos pichones, que sera de mi cuando sea al fin padre.

Besotes muchos.
 
Esta bien Rodolfo, a mi me gusta que tenga un no se qué, ( aunque no sepa qué).

Saludos, no sé.

Qué?
 
wow
excelente! excelente!
su poesia es muy suya en ud mismo
muy singular
me ha encantado
ese estilo despreocupado y brillante
el tema, ni hablar.

Quien no qiere regresar a su infancia? al menos si ha sido feliz.

un gran saludo
 

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