jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
el hecho de que silvia se haya suicidado
acabó siendo más importante a fin de cuentas
que todas las cosas que escribió
cosas que acaso ya nadie lee
o se leen porque queda bien citarlas en alguna de esas veladas literarias
donde acuden los mamones con pretensiones poéticas
en el fondo da lo mismo
nunca en la historia de la humanidad se ha sabido
que un poema resulte imprescindible
-en realidad se puede prescindir de toda la poesía y no pasa nada-
si no se hubiera suicidado lo más probable
es que ya nadie recordaría a silvia
quizá de haber vivido más años
la misma silvia habría destruido todas sus obras
y habría abjurado de la poesía y dedicado su vida a otra cosa
quizás habría manejado un camión de reparto
y conducido a lo largo de interminables caminos rurales
para llevar latas de sopa de espárragos y chili beans
a villorrios perdidos en parajes desconocidos
y habría mantenido a raya sus impulsos suicidas
hablando de cosechas y de cambios atmosféricos
con labriegos medio incultos de mirada lasciva
que después follarían con sus gallinas imaginando el culo de ella;
siempre me ha impresionado la forma cómo terminó silvia
esa última noche helada en londres
la depresión aplastándola como aplastaría una roca a un mosquito
y cada vez que releo sobre sus últimos momentos
vuelvo a sentir ese dolor que sentí la primera vez
como si yo estuviera en su lugar y en realidad fuera silvia
y me sintiera traicionado y lastimado al imaginar a mi marido
cogiendo con otra a pesar de saber cuánto lo extraño
lo infeliz que me siento, la jodida depresión mordiendo mis huesos;
la última noche de silvia es poesía
una mujer culta y guapa disponiéndolo todo meticulosamente
para suicidarse metiendo la cabeza en el horno de la estufa
mientras sus dos pequeños hijos duermen en la habitación contigua;
les había puesto un plato con galletas y dos vasos de leche en la cómoda
de modo que al despertarse encontraran a mano el desayuno;
tapó con toallas mojadas los huecos de la puerta de la cocina
buscando evitar así que el gas se filtrara al resto del piso
luego abrió la llave del gas y se marchó de este mundo
mientras afuera en las calles de londres caía
la peor nevada registrada en los últimos cien años;
el dolor de silvia nos habla de nuestro propio dolor
nuestra fragilidad constitutiva
los absurdos lazos de dependencia que buscamos establecer
con otros seres creyendo que así nos libraremos de la soledad
o fortaleceremos la endeble trama de nuestras vidas
que se tiende sobre un abismo que tarde o temprano nos traga;
también me encabrona lo poco que luchó silvia
cómo dobló los brazos a las primeras de cambio
y un puto fracaso amoroso de lo más corriente lo vivió
como si se hubiera tratado del apocalipsis
¿de qué le sirvió su genialidad, su imaginación, su creatividad
si a la hora de la verdad no recurrió a ellas
sencillamente se le cerró el horizonte
como si su puto maridito cogelón hubiese sido el único hombre en la tierra
y no uno más entre millones de especímenes
con un par de huevos y un pito colgando entre las piernas?
en realidad salen sobrando las palabras
cuando se trata de hablar de los suicidas
nadie conoce el infierno que puede representar la vida para otros
ni es capaz de ver la carga de terror invisible que aplasta sus hombros
nadie conoce más que su propia miseria
el propio hedor que desprende su mierda particular
o los ridículos miedos que asolan sus noches
y nadie está exento de verse enfrentado un día, de pronto
a la cruda alternativa de tener que matarse
porque la vida simplemente, sin previo aviso
se volvió tan poca cosa, tan insignificante
como una hoja seca que se cae de un árbol