Pobre marquesina,
que todos los días espera.
Tiñe de rojo, clavada en la acera,
esperando al autobús que aún no llega.
A un lado, un supermercado,
al otro, la calle mayor.
La marquesina todavía espera,
al autobús que aún no llega.
Junto con el hedor del alcantarillado,
empapada la calle de ginebra,
los mendigos y los pájaros,
buscando migas para la cena.
El cielo tiñe de rojo,
como la sangre de la acera,
entre cristales rotos,
empapada la calle de ginebra.
Y la pobre marquesina,
al autobús aún espera.
que todos los días espera.
Tiñe de rojo, clavada en la acera,
esperando al autobús que aún no llega.
A un lado, un supermercado,
al otro, la calle mayor.
La marquesina todavía espera,
al autobús que aún no llega.
Junto con el hedor del alcantarillado,
empapada la calle de ginebra,
los mendigos y los pájaros,
buscando migas para la cena.
El cielo tiñe de rojo,
como la sangre de la acera,
entre cristales rotos,
empapada la calle de ginebra.
Y la pobre marquesina,
al autobús aún espera.