daniel amaya
Poeta fiel al portal
Hay una encrucijada sonando
en viento de invierno,
gotean las ramas muertas
en un lienzo blanco,
los nidos atestiguan desde sótanos,
conformes a un designio propio,
han heredado razones incomprensibles,
se siente preocupación propia
en mantos cálidos de refutación.
¡Oh cruel designio! ,
te estampas en los caminos,
te posas como dueño de la silla principal
en las murallas demacradas
de indefensos terruños.
¡Oh cruel designio!
hay una marcha de sandalias
errando escaleras de arcillas,
te corrompes a la ignorancia,
tú que lo tienes todo, hasta las lágrimas del pobre
que depravas con el viento las ruinas.
Tajante es el sable que borra bosques,
ahí está tu mano congelando la sangre del ser humano,
hay manos que no palpan,
hay mentes que no lloran
el atavío harapiento de un niño en su choza,
hay piel sin tacto, hay ojos ineptos, hay corazones que no lloran
las ollas de una familia en su choza.
¡Oh designio! engendras la lluvia de los cañadas
como tijeras cortando cartones y techos de nidos,
vi una hoguera consumiendo vivos
desolando las arcas de la víspera.
¡Oh cruel designio! Tus pasos no van en vano,
eliges las formas,
buscas obedientes,
y robas la billetera añeja de los ancianos,
tejes gran parte del edredón de los caminos
y las lágrimas se enlazan acordonando tus zapatos en el lodo.
Valiente lluvia, casual de llanto,
camuflas lamentos con piedras y palos
hasta la calma de un paisaje asolador,
como si pensaras que el dulce premia la tragedia,
tú que tienes a los ciegos, ¿cómo puedes pensar en bolas de humo?
¡tú, mísera! Regala tus dotes tranquilos al arrullo de una familia.
en viento de invierno,
gotean las ramas muertas
en un lienzo blanco,
los nidos atestiguan desde sótanos,
conformes a un designio propio,
han heredado razones incomprensibles,
se siente preocupación propia
en mantos cálidos de refutación.
¡Oh cruel designio! ,
te estampas en los caminos,
te posas como dueño de la silla principal
en las murallas demacradas
de indefensos terruños.
¡Oh cruel designio!
hay una marcha de sandalias
errando escaleras de arcillas,
te corrompes a la ignorancia,
tú que lo tienes todo, hasta las lágrimas del pobre
que depravas con el viento las ruinas.
Tajante es el sable que borra bosques,
ahí está tu mano congelando la sangre del ser humano,
hay manos que no palpan,
hay mentes que no lloran
el atavío harapiento de un niño en su choza,
hay piel sin tacto, hay ojos ineptos, hay corazones que no lloran
las ollas de una familia en su choza.
¡Oh designio! engendras la lluvia de los cañadas
como tijeras cortando cartones y techos de nidos,
vi una hoguera consumiendo vivos
desolando las arcas de la víspera.
¡Oh cruel designio! Tus pasos no van en vano,
eliges las formas,
buscas obedientes,
y robas la billetera añeja de los ancianos,
tejes gran parte del edredón de los caminos
y las lágrimas se enlazan acordonando tus zapatos en el lodo.
Valiente lluvia, casual de llanto,
camuflas lamentos con piedras y palos
hasta la calma de un paisaje asolador,
como si pensaras que el dulce premia la tragedia,
tú que tienes a los ciegos, ¿cómo puedes pensar en bolas de humo?
¡tú, mísera! Regala tus dotes tranquilos al arrullo de una familia.
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