Halloran
Poeta asiduo al portal
POBREZA
Un suave murmullo
de viento entre las hojas. Nada más
se escucha.
Si acaso, a lo lejos,
sonidos de otros tiempos.
Tiempos de urbe, de luces,
de tránsito rodado ya olvidado.
Tiempos de prisas...
no hay prisas donde no hay tiempo,
y no hay tiempo si lo tienes todo.
Y lo tenemos... todo el tiempo del mundo.
Es tuyo y es mío.
Todo el tiempo concentrado
en los segundos de un beso,
de una caricia,
de un encuentro de miradas.
Todo el tiempo condensado
en una mano en tu hombro,
en tu vientre,
en tu pecho,
en tu cadera.
Tu piel en mi mano
es el mundo donde habito.
Tus labios en mis labios,
en mis manos,
en mi piel,
es todo lo que necesito,
todo lo que anhelo,
todo lo que ansío:
tu melena es la almohada
donde duermo mis sueños,
tu melena desatada,
enlazada con mis dedos
y mis labios,
y un susurro,
y una risa,
y mil palabras locas
dichas en voz queda,
al oído.
Creí poseer el mundo
cuando me llenó de alabanzas,
cuando oí sus aplausos,
sus palmadas en la espalda.
Hoy sé que nada poseo,
que nada tengo y nada soy,
sino este vivir en ti y contigo,
este saberme y quererme perdido
en el fondo de tus ojos,
perdido en el océano de tu melena,
en el abismo de tu seno,
en la inmensidad de ese mar
que son tus besos.
Creí poseer el mundo y su tiempo,
cuando eran ellos los que me poseían,
siendo esclavo de sus dictados.
Hoy soy libre,
desnudo,
a tu lado.
Hoy me sé libre...
libre y pobre,
a los ojos de aquel mundo.
Si sólo te tengo a ti,
y eso es mi pobreza...
¿para qué voy a buscar,
voy a luchar,
por la riqueza?
Un suave murmullo
de viento entre las hojas. Nada más
se escucha.
Si acaso, a lo lejos,
sonidos de otros tiempos.
Tiempos de urbe, de luces,
de tránsito rodado ya olvidado.
Tiempos de prisas...
no hay prisas donde no hay tiempo,
y no hay tiempo si lo tienes todo.
Y lo tenemos... todo el tiempo del mundo.
Es tuyo y es mío.
Todo el tiempo concentrado
en los segundos de un beso,
de una caricia,
de un encuentro de miradas.
Todo el tiempo condensado
en una mano en tu hombro,
en tu vientre,
en tu pecho,
en tu cadera.
Tu piel en mi mano
es el mundo donde habito.
Tus labios en mis labios,
en mis manos,
en mi piel,
es todo lo que necesito,
todo lo que anhelo,
todo lo que ansío:
tu melena es la almohada
donde duermo mis sueños,
tu melena desatada,
enlazada con mis dedos
y mis labios,
y un susurro,
y una risa,
y mil palabras locas
dichas en voz queda,
al oído.
Creí poseer el mundo
cuando me llenó de alabanzas,
cuando oí sus aplausos,
sus palmadas en la espalda.
Hoy sé que nada poseo,
que nada tengo y nada soy,
sino este vivir en ti y contigo,
este saberme y quererme perdido
en el fondo de tus ojos,
perdido en el océano de tu melena,
en el abismo de tu seno,
en la inmensidad de ese mar
que son tus besos.
Creí poseer el mundo y su tiempo,
cuando eran ellos los que me poseían,
siendo esclavo de sus dictados.
Hoy soy libre,
desnudo,
a tu lado.
Hoy me sé libre...
libre y pobre,
a los ojos de aquel mundo.
Si sólo te tengo a ti,
y eso es mi pobreza...
¿para qué voy a buscar,
voy a luchar,
por la riqueza?