jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
hace mucho estuve en california
-poco tiempo duré, ni siquiera un año-
una vida ya pasó de aquello y mi memoria
está llena de agujeros y lagunas
pero subsiste aún, sin embargo
intacta en mi recuerdo la certeza
de unos pocos hechos básicos incontestables
que no fui feliz en california, uno de ellos,
y que no me fueron bien las cosas
que bebía más de la cuenta y me drogaba y la cagaba cada vez que podía,
y que siempre anduve corto de dinero
que solía pasarme en cama días enteros
por las resacas derivadas de mis juergas
-hundido en la masa gelatinosa de la depresión
y zarandeado por oleadas de pánico que periódicamente
me llevaban a plantearme la conveniencia de suicidarme-
que nunca tuve una chica que le diera
ni siquiera un lejanísimo aire
a una de esas american girls que salen en las películas
ni un deportivo descapotable de modelo atrasado
tuneado en el garaje a lo largo de esforzados fines de semana
hasta hacer que acabara pareciendo
una nave espacial llegada del futuro
que el cuchitril donde viví hasta que me cogieron los de narcóticos
-situado en el suburbio más jodido del este de los ángeles-
no sólo carecía de clima artificial y jacuzzi
sino que hervía de cucarachas y piojos
-y a cada rato fallaba la instalación eléctrica y los grifos goteaban
y mi vecino era un pamameño puesto siempre hasta el culo de anfetas
que tocaba a bob marli a todo volumen día y noche -lo malo-
y que por 5 dólares conseguía que te la chupara -lo bueno-
la mujer de tus sueños versión chola reloaded-
las personas tienden a modificar el contenido de su historia
inventándose versiones embellecidas de sus viejas andanzas
ayudados por la erosión del pasado y un sentimiento de nostalgia;
y así, aquella novia flacucha y fea de la secundaria
se convierte con el paso de los años en "la mujer más bella que jamás vieron mis ojos"
y así, aquella puta semana de mierda de la luna de miel en manzanillo
-donde el primer día sorprendiste a tu flamante mujercita cogiendo con un lanchero en la playa-
décadas más tarde aparece catalogada como
"los siete días más maravillosos de mi vida"
quizás yo debería intentar hacer lo mismo
con aquella pequeña época jodida a principios de los ochenta en california
y decir que entonces era un tipo joven impulsado por nobles ideales
y que tenía un plan infalible para alcanzar el éxito en menos de dos años
y que la chica con la que cogía cada dos noches en mi depa de malibu beach
era una especie de lolita adicta al sexo que había ganado el miss teenager usa 1979
y me amaba hasta el delirium tremens gracias a las culeadotas que le ponía
quizás la cago al desaprovechar la ocasión para fomentar mi leyenda
(quizás cagarla siempre fue lo mío)
llevaba el pelo largo y una barbita de chivo para hacerme ver más viejo
y necesitaba meterme un cuarto de whisky antes de abordar
a las putitas de fin de semana en sunset boulevard
que te la chupaban a cambio de un churro y un six de budweiser;
manejaba un toyota de segunda y bebía cerveza miller
mientras recorría kilométricas avenidas bajo el sol de perfectos mediodías
escuchando a reo speedwagon en el pioneer con equalizador por el que había pagado
el doble de lo que me había costado el puto coche -80 dólares-
habría dado un brazo por coger con bruk shields
y el otro por que farrah se metiera mi verga en aquella interminable boca suya
y succionara hasta hacerme eyacular el alma
-o lo que sea la mierda esa que conforma el núcleo duro del ser que uno es-
pero lo más cerca que estuve de llegar a concretar mis sueños guajiros
fue ligar una noche en long beach con una tipa como de cuarenta
que al final me robó la cartera y la maría de toda la semana
en la actualidad, ya viejo y con mi vida hecha ruinas
dejados muy atrás en el tiempo los años donde todavía
el esplendor aparente de las cosas ocultaba el cáncer inextinguible que es la esencia
de todo cuanto somos y todo cuanto nos rodea,
algunas madrugadas en que recurro al alcohol para luchar contra el insomnio
vuelven a mi mente, sin que yo los convoque
retazos de aquellos good old times in california
en los que no fui feliz, ni estuve nunca bien y tampoco di el ancho
para obtener siquiera un puto trabajito de limpiabaños en macdonals;
en los que me volví un adicto, un malviviente y al final un deportado
enviado a la fuerza de regreso a tragar mierda a mi méxico querido
y que no duraron mucho, como ya dije:
porque en realidad estuve poco tiempo en california, fue breve mi estancia bajo aquel cielo
y los días que duró fueron la misma mierda que otros ya pasados...
la misma jodida mierda que todo lo que después vendría
.
-poco tiempo duré, ni siquiera un año-
una vida ya pasó de aquello y mi memoria
está llena de agujeros y lagunas
pero subsiste aún, sin embargo
intacta en mi recuerdo la certeza
de unos pocos hechos básicos incontestables
que no fui feliz en california, uno de ellos,
y que no me fueron bien las cosas
que bebía más de la cuenta y me drogaba y la cagaba cada vez que podía,
y que siempre anduve corto de dinero
que solía pasarme en cama días enteros
por las resacas derivadas de mis juergas
-hundido en la masa gelatinosa de la depresión
y zarandeado por oleadas de pánico que periódicamente
me llevaban a plantearme la conveniencia de suicidarme-
que nunca tuve una chica que le diera
ni siquiera un lejanísimo aire
a una de esas american girls que salen en las películas
ni un deportivo descapotable de modelo atrasado
tuneado en el garaje a lo largo de esforzados fines de semana
hasta hacer que acabara pareciendo
una nave espacial llegada del futuro
que el cuchitril donde viví hasta que me cogieron los de narcóticos
-situado en el suburbio más jodido del este de los ángeles-
no sólo carecía de clima artificial y jacuzzi
sino que hervía de cucarachas y piojos
-y a cada rato fallaba la instalación eléctrica y los grifos goteaban
y mi vecino era un pamameño puesto siempre hasta el culo de anfetas
que tocaba a bob marli a todo volumen día y noche -lo malo-
y que por 5 dólares conseguía que te la chupara -lo bueno-
la mujer de tus sueños versión chola reloaded-
las personas tienden a modificar el contenido de su historia
inventándose versiones embellecidas de sus viejas andanzas
ayudados por la erosión del pasado y un sentimiento de nostalgia;
y así, aquella novia flacucha y fea de la secundaria
se convierte con el paso de los años en "la mujer más bella que jamás vieron mis ojos"
y así, aquella puta semana de mierda de la luna de miel en manzanillo
-donde el primer día sorprendiste a tu flamante mujercita cogiendo con un lanchero en la playa-
décadas más tarde aparece catalogada como
"los siete días más maravillosos de mi vida"
quizás yo debería intentar hacer lo mismo
con aquella pequeña época jodida a principios de los ochenta en california
y decir que entonces era un tipo joven impulsado por nobles ideales
y que tenía un plan infalible para alcanzar el éxito en menos de dos años
y que la chica con la que cogía cada dos noches en mi depa de malibu beach
era una especie de lolita adicta al sexo que había ganado el miss teenager usa 1979
y me amaba hasta el delirium tremens gracias a las culeadotas que le ponía
quizás la cago al desaprovechar la ocasión para fomentar mi leyenda
(quizás cagarla siempre fue lo mío)
llevaba el pelo largo y una barbita de chivo para hacerme ver más viejo
y necesitaba meterme un cuarto de whisky antes de abordar
a las putitas de fin de semana en sunset boulevard
que te la chupaban a cambio de un churro y un six de budweiser;
manejaba un toyota de segunda y bebía cerveza miller
mientras recorría kilométricas avenidas bajo el sol de perfectos mediodías
escuchando a reo speedwagon en el pioneer con equalizador por el que había pagado
el doble de lo que me había costado el puto coche -80 dólares-
habría dado un brazo por coger con bruk shields
y el otro por que farrah se metiera mi verga en aquella interminable boca suya
y succionara hasta hacerme eyacular el alma
-o lo que sea la mierda esa que conforma el núcleo duro del ser que uno es-
pero lo más cerca que estuve de llegar a concretar mis sueños guajiros
fue ligar una noche en long beach con una tipa como de cuarenta
que al final me robó la cartera y la maría de toda la semana
en la actualidad, ya viejo y con mi vida hecha ruinas
dejados muy atrás en el tiempo los años donde todavía
el esplendor aparente de las cosas ocultaba el cáncer inextinguible que es la esencia
de todo cuanto somos y todo cuanto nos rodea,
algunas madrugadas en que recurro al alcohol para luchar contra el insomnio
vuelven a mi mente, sin que yo los convoque
retazos de aquellos good old times in california
en los que no fui feliz, ni estuve nunca bien y tampoco di el ancho
para obtener siquiera un puto trabajito de limpiabaños en macdonals;
en los que me volví un adicto, un malviviente y al final un deportado
enviado a la fuerza de regreso a tragar mierda a mi méxico querido
y que no duraron mucho, como ya dije:
porque en realidad estuve poco tiempo en california, fue breve mi estancia bajo aquel cielo
y los días que duró fueron la misma mierda que otros ya pasados...
la misma jodida mierda que todo lo que después vendría
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