SONRISA
Poeta adicto al portal
¡Estoy!
En el viento que atropella tus espaldas,
agitando englobado
el lino que te circunda,
en la fúlgida mañana
translúcida
adherente a los elipses
de tus ónices callados,
estoy
en esa sombra
que deja tu huella sobre el polvo
y en el oxígeno que te recorre bravío,
remero en tus torrentes
cada vez que me respiras,
¡Si, estoy!
En el diamante líquido
que colma tu sed en las tardes
y en las almendras enriquecidas
de los cocoteros y las nueces,
en las risas genuinas
y en los llantos inocentes,
en tus manos
en el esfuerzo plausible
en el abrazo desmedido
reclusión del sentimiento,
en las notas de una canción lejana
o en las sonrisas albinas
que abanican ocasos
sobre el alma entristecida,
estoy
cuando me llamas,
en los signos de tu voz
que se difuman sobre un papel,
y que en la distancia coloidal
mi corazón
los interpreta y los acomoda
en el pedestal clausurado
de mi alma.
En el viento que atropella tus espaldas,
agitando englobado
el lino que te circunda,
en la fúlgida mañana
translúcida
adherente a los elipses
de tus ónices callados,
estoy
en esa sombra
que deja tu huella sobre el polvo
y en el oxígeno que te recorre bravío,
remero en tus torrentes
cada vez que me respiras,
¡Si, estoy!
En el diamante líquido
que colma tu sed en las tardes
y en las almendras enriquecidas
de los cocoteros y las nueces,
en las risas genuinas
y en los llantos inocentes,
en tus manos
en el esfuerzo plausible
en el abrazo desmedido
reclusión del sentimiento,
en las notas de una canción lejana
o en las sonrisas albinas
que abanican ocasos
sobre el alma entristecida,
estoy
cuando me llamas,
en los signos de tu voz
que se difuman sobre un papel,
y que en la distancia coloidal
mi corazón
los interpreta y los acomoda
en el pedestal clausurado
de mi alma.
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