rafael tato
Poeta fiel al portal

La noche llega a mí,
cargando la muerte;
súbita nevera
donde llora el alba;
viajera inmisericorde
del instante conculcado,
letal zarpazo de abismo,
niebla y sal amarga.
Muerto para el mundo,
pero vivo en espíritu,
me veo dentro de un cajón sellado,
de profundo misterio.
Transportado
sobre ruedas de fuego,
sombras y raros ritos.
dejo al viento
las cenizas de mi canto,
mis versos y mis sueños.
En este día gris
de cascada oscura,
estremecida y fúnebre,
se esconde el tiempo azul
que forjó toda la estirpe mía...
Ya los sueños sumergidos
se despiertan, vuelan y florecen,
mi tallo, piedra inmóvil,
avanza en toda su rigidez
y soberanía.
Todo lo veo en HD,
desde lo más alto de la cima;
desde mi reposo oculto
de luz y fantasía,
percibo sentires, descifro gestos,
escucho voces ínfimas...
¡Cuánto se entristece mi alma,
frente a tanta humana hipocresía!
Desfila mi cuerpo,
ante la indiferente
cotidianidad urbana,
inerte en su misterio
fulgurando esencias luminosas;
ya sin nombre, ni presencia,
oscuro abismo lo engalana,
muralla, sangre, carne...
Obra de arte milagrosa.
Observo toda mi infancia
con su ágil magia de ternura;
las dulces vivencias de ensueño,
aquel mi primer beso,
el fruto del amor,
hecho espíritu y carne en su finura,
la pasión lasciva
en efluvio de colores, de tu embeleso.
Pasa el cortejo,
con mis horizontales
huesos devaluados,
por la calle rosa de restaurantes,
bares y teatros;
cuántas alegrías vividas
en sus recreos siempre añorados,
juventud compartida,
con familia, amores,
amigos y extraños.
Ahí va el cuerpo
que acompañó a mi alma
en su féretro...
Aún en él se conserva el rostro
del asombro y la ironía;
una fosa hambrienta lo espera
bostezando lúgubres gusanos;
la tarde espera la noche,
en inercia de espanto y epifanía
Ay! mujer,
si supieras que lloras mi muerte
y yo no he muerto,
que aún beso tus ojos
en el infinito de tu mirada...
El cero de la vida
se multiplica llegando la muerte,
la muerte, es la vida eterna,
por el alma alcanzada.
Para eternizarme
más allá de lo lejos y distante,
ayer en la noche,
dejé cuerpo, mundo
y seres queridos,
piedra, arcada de huesos,
convulsas partículas del tiempo,
cuerpo, muerte, alma, luz, polvo,
¡Eterno olvido!
Nada...
Tato Ospina
DRA
Colombia
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