Poema 158 (El sueño de Orfeo)

rafael tato

Poeta fiel al portal


Soy Orfeo, enamorado de mi ninfa Traciana, dulce y bella,
hipnóticas melodías de mi lira, conquistan su encanto,
bajo el verdor del bosque engalanado, Eurídice sueña;
El eco impredecible del viento, anuncia mi canto...


¡Oh! amada Eurídice...
Puede mi canto rozar tu infinito,
desconocer a Eros o amarlo en su rito,
vorágine, silencio de tu azul, vientre lirio,
punto difuminado, en mi deseo divino.


Mórbidos inciensos de cantos prohibidos,
versos de verde olivo, moldean tu cuerpo,
profanos movimientos pulsan los sentidos,
en gozo consumado, de músculos ilesos.


En el punto que equilibra el principio y la nada,
labrando estelas de tu cuerpo anochecido,
amanezco en tus brazos, Eurídice amada,
fecundando eternidades del corazón, en tus latidos.


¡Oh! sobre la sombra vertical, del todo o nada,
me enciendo en tu cuerpo, nazco y florezco;
me despeño sobre tus vertientes conculcadas
y pasto mis ardores, sobre el umbral de tus senos.


Aparece el sol mujer...¡Areola sensitiva de la vida!
pezón de luz, reflejado en tus ojos bellos...
yo, Orfeo, te canto en notas de tristeza sumergida,
fatal presentimiento, silencia, mi fiel instrumento.


¡Ay! Traciana divina, orgiástica mujer, amada mía,
hoy te amaré carnalmente enardecido;
sentiré tus muslos en cruz de exacta simetría,
déjame ser animal de tu cuerpo, ¡que el placer es mío!


Más allá de las sílabas de las tinieblas,
no quiero arrecifes enlutados;
¡que no corra el tiempo!
¡lujuria! ¡lujuria!
¡en mi lira! ¡en mi verso! ¡en mi canto!


Sigamos amándonos desnudos,
con el deseo de nuestro amor eterno;
mira que entre mis pechos de agua,
flota un mal presentimiento...
Que hoy se unan para siempre
espíritus carne y huesos;
mujer, deja que yo Orfeo, cante, ame y ría...
¡Entre estrellas, besos y sueños!


Tato Ospina
DRA
Colombia
 
Última edición:

Soy Orfeo enamorado, de mi ninfa Traciana, dulce y bella,
hipnóticas melodías de mi lira, conquistan su encanto,
bajo el verdor del bosque engalanado, Eurídice sueña;
El eco impredecible del viento, anuncia mi canto...


¡Oh! amada Eurídice...
Puede mi canto rozar tu infinito,
desconocer a Eros o amarlo en su rito,
vorágine, silencio de tu azul, vientre lirio,
punto difuminado, en mi deseo divino.


Mórbidos inciensos de cantos prohibidos,
versos de verde olivo, moldean tu cuerpo,
profanos movimientos pulsan los sentidos,
en gozo consumado, de músculos ilesos.


En el punto que equilibra el principio y la nada,
labrando estelas de tu cuerpo anochecido,
amanezco en tus brazos, Eurídice amada,
fecundando eternidades del corazón, en tus latidos.


¡Oh! sobre la sombra vertical, del todo o nada,
me enciendo en tu cuerpo, nazco y florezco;
me despeño sobre tus vertientes conculcadas
y pasto mis ardores, sobre el umbral de tus senos.


Aparece el sol mujer...¡Areola sensitiva de la vida!
pezón de luz, reflejado en tus ojos bellos...
yo, Orfeo, te canto en notas de tristeza sumergida,
fatal presentimiento, silencia, mi fiel instrumento.


¡Ay! Traciana divina, orgiástica mujer, amada mía,
hoy te amaré carnalmente enardecido;
sentiré tus muslos en cruz de exacta simetría,
déjame ser animal de tu cuerpo, ¡que el placer es mío!


Más allá de las sílabas de las tinieblas,
no quiero arrecifes enlutados;
¡que no corra el tiempo!
¡lujuria! ¡lujuria!
¡en mi lira! ¡en mi verso! ¡en mi canto!


Sigamos amándonos desnudos,
con el deseo de nuestro amor eterno;
mira que entre mis pechos de agua,
flota un mal presentimiento...
Que hoy se unan para siempre
espíritus carne y huesos;
mujer, deja que yo Orfeo, cante, ame y ría...
¡Entre estrellas, besos y sueños!


Tato Ospina
DRA
Colombia
Que hermoso, belleza y talento en tus preciosos versos amigo Tato. Un abrazo. Paco.
 
Soy Orfeo, enamorado de mi ninfa Traciana, dulce y bella,
hipnóticas melodías de mi lira, conquistan su encanto,
bajo el verdor del bosque engalanado, Eurídice sueña;
El eco impredecible del viento, anuncia mi canto...


¡Oh! amada Eurídice...
Puede mi canto rozar tu infinito,
desconocer a Eros o amarlo en su rito,
vorágine, silencio de tu azul, vientre lirio,
punto difuminado, en mi deseo divino.


Mórbidos inciensos de cantos prohibidos,
versos de verde olivo, moldean tu cuerpo,
profanos movimientos pulsan los sentidos,
en gozo consumado, de músculos ilesos.


En el punto que equilibra el principio y la nada,
labrando estelas de tu cuerpo anochecido,
amanezco en tus brazos, Eurídice amada,
fecundando eternidades del corazón, en tus latidos.


¡Oh! sobre la sombra vertical, del todo o nada,
me enciendo en tu cuerpo, nazco y florezco;
me despeño sobre tus vertientes conculcadas
y pasto mis ardores, sobre el umbral de tus senos.


Aparece el sol mujer...¡Areola sensitiva de la vida!
pezón de luz, reflejado en tus ojos bellos...
yo, Orfeo, te canto en notas de tristeza sumergida,
fatal presentimiento, silencia, mi fiel instrumento.


¡Ay! Traciana divina, orgiástica mujer, amada mía,
hoy te amaré carnalmente enardecido;
sentiré tus muslos en cruz de exacta simetría,
déjame ser animal de tu cuerpo, ¡que el placer es mío!


Más allá de las sílabas de las tinieblas,
no quiero arrecifes enlutados;
¡que no corra el tiempo!
¡lujuria! ¡lujuria!
¡en mi lira! ¡en mi verso! ¡en mi canto!


Sigamos amándonos desnudos,
con el deseo de nuestro amor eterno;
mira que entre mis pechos de agua,
flota un mal presentimiento...
Que hoy se unan para siempre
espíritus carne y huesos;
mujer, deja que yo Orfeo, cante, ame y ría...
¡Entre estrellas, besos y sueños!
bello relato, de ese cuento mitológico, aunque cambiando de tema, también he citado ese amor que fue inconclusa a causa de la curiosidad de Orfeo por voltear antes de tiempo y pensar que no le seguía Eurídice...
saludos Rafael
 

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