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Poema al sitio-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay allí sonidos y muertes estentóreas

y radiantes fábricas osarios vespertinos

patos y joyeros desarrapados y sangres

y notas musicales que albergan matices

discrepantes. Hay allí secuencias ondas

y nacimientos navideños, resúmenes intensivos

de niños que contraen sus páginas, rodillas

desmanteladas como apliques desastrosos.

Hay allí árboles de miel y serranías abandonadas,

pescantes triturados, obsequios diurnos que

nadie recibió, un mausoleo brillante de objetos

y cuarzos extinguidos. Hay allí almacenes,

depósitos blancos y cales investigadas, un

rocío de cuerpos insensibles que perforan

las lluviosas madrugadas. Y cetros y coronas

y cigarros humedecidos por la bronca ventisca,

y cuerpos de obsidiana y trastos obsoletos.

Hay canciones entre pinares polvorientos,

niños que saludan con la mano alzada,

niñas que libran su combate con estatuas,

arenas deslucidas que brindan su luz al pensamiento.

Hay manufacturas y ovillos de lana, extensos,

como anillos de árboles apenas remendados,

humaredas de ladrillos y pinos recién talados.

Despensas y alacenas, halcones de resina

y periclitados abanicos de cierres mohosos,

rosales tumefactos y carpetas de signos borrosos.

Carne de un anuario siempre inventado,

páginas amarillas golpeadas por el sol,

periódicos sangrientos que rebosan agoreras noticias.

Un pez y alguna moneda- duro, de cinco pesetas-,

rubia tostándose mustiamente.

Y estratos de fósiles sepultados

una nación de encontrados aparadores,

un río con sus clásicas espumas,

un lagarto bajo la fronda de briznas y cemento,

que forman las ranuras del embaldosado.

Y molinos de viento y sanguinarios amuletos

y una triste emoción vapuleada en secreto,

pantalones de pana eternamente cercados.

Hay allí lo que depende de mí y lo que

subyace a mí y lo que se encuentra en azulejos

de carne azul o blanca.

©
 
Hay allí sonidos y muertes estentóreas

y radiantes fábricas osarios vespertinos

patos y joyeros desarrapados y sangres

y notas musicales que albergan matices

discrepantes. Hay allí secuencias ondas

y nacimientos navideños, resúmenes intensivos

de niños que contraen sus páginas, rodillas

desmanteladas como apliques desastrosos.

Hay allí árboles de miel y serranías abandonadas,

pescantes triturados, obsequios diurnos que

nadie recibió, un mausoleo brillante de objetos

y cuarzos extinguidos. Hay allí almacenes,

depósitos blancos y cales investigadas, un

rocío de cuerpos insensibles que perforan

las lluviosas madrugadas. Y cetros y coronas

y cigarros humedecidos por la bronca ventisca,

y cuerpos de obsidiana y trastos obsoletos.

Hay canciones entre pinares polvorientos,

niños que saludan con la mano alzada,

niñas que libran su combate con estatuas,

arenas deslucidas que brindan su luz al pensamiento.

Hay manufacturas y ovillos de lana, extensos,

como anillos de árboles apenas remendados,

humaredas de ladrillos y pinos recién talados.

Despensas y alacenas, halcones de resina

y periclitados abanicos de cierres mohosos,

rosales tumefactos y carpetas de signos borrosos.

Carne de un anuario siempre inventado,

páginas amarillas golpeadas por el sol,

periódicos sangrientos que rebosan agoreras noticias.

Un pez y alguna moneda- duro, de cinco pesetas-,

rubia tostándose mustiamente.

Y estratos de fósiles sepultados

una nación de encontrados aparadores,

un río con sus clásicas espumas,

un lagarto bajo la fronda de briznas y cemento,

que forman las ranuras del embaldosado.

Y molinos de viento y sanguinarios amuletos

y una triste emoción vapuleada en secreto,

pantalones de pana eternamente cercados.

Hay allí lo que depende de mí y lo que

subyace a mí y lo que se encuentra en azulejos

de carne azul o blanca.

©
me parece largo para mi gusto, pero el contenido es interesante, siempre es grato leerte
 
...Hay allí almacenes, /depósitos blancos y cales investigadas, / un rocío de cuerpos insensibles que perforan /las lluviosas madrugadas...

Un abundantísimo repertorio de objetos, paisajes y elementos que son, finalmente, sensaciones que estremecen y hacen brotar la emoción del lector. Un país imaginario, pero no imaginado, en el que se enraízan "molinos de viento y sanguinarios amuletos" que agitan -o deberían- muchos subconscientes. todo un poemazo, amigo mío. Abrazos,
miguel
 
Hay allí sonidos y muertes estentóreas

y radiantes fábricas osarios vespertinos

patos y joyeros desarrapados y sangres

y notas musicales que albergan matices

discrepantes. Hay allí secuencias ondas

y nacimientos navideños, resúmenes intensivos

de niños que contraen sus páginas, rodillas

desmanteladas como apliques desastrosos.

Hay allí árboles de miel y serranías abandonadas,

pescantes triturados, obsequios diurnos que

nadie recibió, un mausoleo brillante de objetos

y cuarzos extinguidos. Hay allí almacenes,

depósitos blancos y cales investigadas, un

rocío de cuerpos insensibles que perforan

las lluviosas madrugadas. Y cetros y coronas

y cigarros humedecidos por la bronca ventisca,

y cuerpos de obsidiana y trastos obsoletos.

Hay canciones entre pinares polvorientos,

niños que saludan con la mano alzada,

niñas que libran su combate con estatuas,

arenas deslucidas que brindan su luz al pensamiento.

Hay manufacturas y ovillos de lana, extensos,

como anillos de árboles apenas remendados,

humaredas de ladrillos y pinos recién talados.

Despensas y alacenas, halcones de resina

y periclitados abanicos de cierres mohosos,

rosales tumefactos y carpetas de signos borrosos.

Carne de un anuario siempre inventado,

páginas amarillas golpeadas por el sol,

periódicos sangrientos que rebosan agoreras noticias.

Un pez y alguna moneda- duro, de cinco pesetas-,

rubia tostándose mustiamente.

Y estratos de fósiles sepultados

una nación de encontrados aparadores,

un río con sus clásicas espumas,

un lagarto bajo la fronda de briznas y cemento,

que forman las ranuras del embaldosado.

Y molinos de viento y sanguinarios amuletos

y una triste emoción vapuleada en secreto,

pantalones de pana eternamente cercados.

Hay allí lo que depende de mí y lo que

subyace a mí y lo que se encuentra en azulejos

de carne azul o blanca.

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Siempre encuentro interesantísimas tus letras amigo Ben, un placer leer enhorabuena. Saludos, que tengas estupendos días.
 
Un abundantísimo repertorio de objetos, paisajes y elementos que son, finalmente, sensaciones que estremecen y hacen brotar la emoción del lector. Un país imaginario, pero no imaginado, en el que se enraízan "molinos de viento y sanguinarios amuletos" que agitan -o deberían- muchos subconscientes. todo un poemazo, amigo mío. Abrazos,
miguel



Gracias, Miguel, un abrazo!
 
Hay allí sonidos y muertes estentóreas

y radiantes fábricas osarios vespertinos

patos y joyeros desarrapados y sangres

y notas musicales que albergan matices

discrepantes. Hay allí secuencias ondas

y nacimientos navideños, resúmenes intensivos

de niños que contraen sus páginas, rodillas

desmanteladas como apliques desastrosos.

Hay allí árboles de miel y serranías abandonadas,

pescantes triturados, obsequios diurnos que

nadie recibió, un mausoleo brillante de objetos

y cuarzos extinguidos. Hay allí almacenes,

depósitos blancos y cales investigadas, un

rocío de cuerpos insensibles que perforan

las lluviosas madrugadas. Y cetros y coronas

y cigarros humedecidos por la bronca ventisca,

y cuerpos de obsidiana y trastos obsoletos.

Hay canciones entre pinares polvorientos,

niños que saludan con la mano alzada,

niñas que libran su combate con estatuas,

arenas deslucidas que brindan su luz al pensamiento.

Hay manufacturas y ovillos de lana, extensos,

como anillos de árboles apenas remendados,

humaredas de ladrillos y pinos recién talados.

Despensas y alacenas, halcones de resina

y periclitados abanicos de cierres mohosos,

rosales tumefactos y carpetas de signos borrosos.

Carne de un anuario siempre inventado,

páginas amarillas golpeadas por el sol,

periódicos sangrientos que rebosan agoreras noticias.

Un pez y alguna moneda- duro, de cinco pesetas-,

rubia tostándose mustiamente.

Y estratos de fósiles sepultados

una nación de encontrados aparadores,

un río con sus clásicas espumas,

un lagarto bajo la fronda de briznas y cemento,

que forman las ranuras del embaldosado.

Y molinos de viento y sanguinarios amuletos

y una triste emoción vapuleada en secreto,

pantalones de pana eternamente cercados.

Hay allí lo que depende de mí y lo que

subyace a mí y lo que se encuentra en azulejos

de carne azul o blanca.

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Carne vital en esa entrega que perdida y personal va analizando elementos que
confluyen en un nido de sensaciones..., detalle donde la imaginacion busca
el estado concluyebte de una necesidad floreciente. me ha gustado mucho.
saludos con afecto de luzyabsenta
 
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