Poema Bajo el Farol
El farol de aquella esquina
no alumbraba demasiado
y eran sólo una silueta
nuestros cuerpos contra el muro.
El ansia desesperada
se exhibía con apuro
y la pasión de medianoche
danzaba desde lo oscuro.
Calle solitaria, sola,
de soledad y ladrillos,
y la humedad de paredes
que arañaban los sentidos.
Mi cuerpo contra tu cuerpo
un enemigo vencido,
tu sinrazón y mi fiebre
bajo el farol encendido.
Calle larga que converge
y termina en ningún sitio,
refugio de nuestros besos
y de prohibidos caprichos.
--¡Mira que nos vé la gente,
no seas tan atrevido!
--¿Qué gente, si no hay ni un alma?
¡Quítate todo el vestido!
El viento quiso apagar
el farol pero no pudo,
pero se bebió el sudor
de nuestros cuerpos desnudos.
El farol se fue apagando
al escuchar los gemidos
y las siluetas se esfumaron
en las calles de ladrillos.
La noche tendió sus sábanas
para tu cuerpo y el mío
y sólo quedó en la calle
la soledad de un suspiro.
DEL LIBRO LAS HUELLAS DEL TIEMPO
El farol de aquella esquina
no alumbraba demasiado
y eran sólo una silueta
nuestros cuerpos contra el muro.
El ansia desesperada
se exhibía con apuro
y la pasión de medianoche
danzaba desde lo oscuro.
Calle solitaria, sola,
de soledad y ladrillos,
y la humedad de paredes
que arañaban los sentidos.
Mi cuerpo contra tu cuerpo
un enemigo vencido,
tu sinrazón y mi fiebre
bajo el farol encendido.
Calle larga que converge
y termina en ningún sitio,
refugio de nuestros besos
y de prohibidos caprichos.
--¡Mira que nos vé la gente,
no seas tan atrevido!
--¿Qué gente, si no hay ni un alma?
¡Quítate todo el vestido!
El viento quiso apagar
el farol pero no pudo,
pero se bebió el sudor
de nuestros cuerpos desnudos.
El farol se fue apagando
al escuchar los gemidos
y las siluetas se esfumaron
en las calles de ladrillos.
La noche tendió sus sábanas
para tu cuerpo y el mío
y sólo quedó en la calle
la soledad de un suspiro.
DEL LIBRO LAS HUELLAS DEL TIEMPO