Constantino
Poeta recién llegado
Tomo un vaso de su mar cada mañana,
lo robo a espaldas de mi conciencia dormitada.
Cuando el cáliz termina me duele el alma.
El amor, como torrente, fluye en mí y reencarna.
Mareo cómo si hubiese bebido veneno,
ese nocturno océano agitándose y yo en medio.
El ánima, en su entretejo, digiere fiebre amordazada
por devoción surgida de la espuma de una ola.
Bogo por ese oleaje tormentoso de nostalgia,
un barco a la deriva me aluza a la demencia.
Un marinero: Otra vez tú aquí ¡qué desperdicio de vida!,
tantos amores pudiste tener y sólo te enfocaste en esa mujer.
En la noche, extinto y cansado, sudo la muerte,
desfallezco álgido y cenizo, y mi pecho la extraña.
Una sedante almohada me llama, derrumbo mi cabeza en ella
y mi cuerpo descansa hasta la siguiente mañana.
Constantino H.
lo robo a espaldas de mi conciencia dormitada.
Cuando el cáliz termina me duele el alma.
El amor, como torrente, fluye en mí y reencarna.
Mareo cómo si hubiese bebido veneno,
ese nocturno océano agitándose y yo en medio.
El ánima, en su entretejo, digiere fiebre amordazada
por devoción surgida de la espuma de una ola.
Bogo por ese oleaje tormentoso de nostalgia,
un barco a la deriva me aluza a la demencia.
Un marinero: Otra vez tú aquí ¡qué desperdicio de vida!,
tantos amores pudiste tener y sólo te enfocaste en esa mujer.
En la noche, extinto y cansado, sudo la muerte,
desfallezco álgido y cenizo, y mi pecho la extraña.
Una sedante almohada me llama, derrumbo mi cabeza en ella
y mi cuerpo descansa hasta la siguiente mañana.
Constantino H.