Évano
Libre, sin dioses.
El aplauso mecánico acompaña
al poema que blande, como sable
oxidado, al amor de telaraña.
Los poetas confunden el amable
gesto con buen versar, cuando es maraña
que repite como hipo. El incansable
vuelve, una y otra vez, a su patraña.
Señor poeta, desenchufe el cable
que mueve pecho y lengua de uno mismo,
y salga y vea que el amor no es sexo,
si no eso que se da sin mariposas
ni cielo y luces mías; ni el abismo,
si a uno lo apartan, o se rompe el nexo
que hay entre coño y pene y esas cosas.
al poema que blande, como sable
oxidado, al amor de telaraña.
Los poetas confunden el amable
gesto con buen versar, cuando es maraña
que repite como hipo. El incansable
vuelve, una y otra vez, a su patraña.
Señor poeta, desenchufe el cable
que mueve pecho y lengua de uno mismo,
y salga y vea que el amor no es sexo,
si no eso que se da sin mariposas
ni cielo y luces mías; ni el abismo,
si a uno lo apartan, o se rompe el nexo
que hay entre coño y pene y esas cosas.
Última edición: