sebas g
Poeta recién llegado
Se despide el día, sin más, se despide y marcha a otro lugar.
Mientras oscurece, te pienso, y agradezco cada imagen.
Tu cuerpo se acerca, y tu calor es mío;
y no sé qué decir...
Me siento bien, tan yo mismo como cuando no sabía quién era,
tan niño como antes de nacer,
tan cercano a todo, sin censuras ni ideales.
Remanso de dulzura,
coto privado de fantasía
con duendes alados que no me persiguen
ni beben de mi sed.
La noche saluda, elegantemente llega a este lugar.
Podría venir el séptimo de caballería
y sólo oiría tus pasos.
Así la noche se siente ignorada,
y lanza vapores opacos al cielo, para tapar tu recuerdo
y mis letras.
Amenaza con llegar la lluvia, y mis ojos se humedecen.
Nunca quise ser de tantas noches,
pues nunca quise olvidar.
Ahora que el recuerdo no alimenta,
tu cuerpo se acerca, y tu calor es mío.
El tiempo me consume con sus tiranías de déspota dictador,
se cuela en cada error de mi piel,
en todo surco que haya variado el camino recto.
Pero tu sonrisa llega a tiempo, y varía las leyes:
Ni ahora es ahora, ni me quieres, ni te quiero.
Sólo existimos los dos en la grieta más profunda de mi alma,
y no hay erupción ni anhelos;
espacio ni fatiga;
y las agujas sólo marcan cada latido.
Se adormece la vigilia; se espanta el miedo;
vuelo tras tus ojos y entro en mis sueños;
y lejos ya de todo, te miro,
y me siento mejor.