Sé que es innecesario llenarte de corales
o de rosas;
descolgar los luceros para adornar tu casa
o hacer que el sol florezca a media noche
pues germina la luz en tus raíces.
Tampoco una canción es esencial
para la resonancia de mi boca
y sus locas palabras,
ni disparar bengalas poniendo al corazón
como estallido.
La música tú eres.
Puedo cruzar el mar con los ojos cerrados
o si quieres también transitar por su espalda;
meter un brazo al fuego,
dormir sobre la escarcha
o tomar un sendero que nadie ha desandado.
La magia tú la tienes.
Puedo eso y más hacer y deshacer
o no hacer nada,
y decirte en silencio con sólo mis pupilas
y tal vez una lágrima:
gracias,
por tu tiempo, tu espacio y tus palabras;
por haberme querido en la justa medida
y tal vez con exceso;
por haber caminado sobre la cuerda floja
y a veces por el filo pero siempre a mi lado.
Muchas gracias, amor,
por haber sido huésped de mi alma,
y hacerme sentir vivo tantas noches y días
con tu presencia clara.
Los caminos se rompen, comienzas otra historia;
no alcanzo ya a mirar las pecas de tu espalda,
ni puedes tú escucharme,
mas volveré a decir
eternamente:
gracias.
o de rosas;
descolgar los luceros para adornar tu casa
o hacer que el sol florezca a media noche
pues germina la luz en tus raíces.
Tampoco una canción es esencial
para la resonancia de mi boca
y sus locas palabras,
ni disparar bengalas poniendo al corazón
como estallido.
La música tú eres.
Puedo cruzar el mar con los ojos cerrados
o si quieres también transitar por su espalda;
meter un brazo al fuego,
dormir sobre la escarcha
o tomar un sendero que nadie ha desandado.
La magia tú la tienes.
Puedo eso y más hacer y deshacer
o no hacer nada,
y decirte en silencio con sólo mis pupilas
y tal vez una lágrima:
gracias,
por tu tiempo, tu espacio y tus palabras;
por haberme querido en la justa medida
y tal vez con exceso;
por haber caminado sobre la cuerda floja
y a veces por el filo pero siempre a mi lado.
Muchas gracias, amor,
por haber sido huésped de mi alma,
y hacerme sentir vivo tantas noches y días
con tu presencia clara.
Los caminos se rompen, comienzas otra historia;
no alcanzo ya a mirar las pecas de tu espalda,
ni puedes tú escucharme,
mas volveré a decir
eternamente:
gracias.