POEMA DE LA INFIDELIDAD

Jhordy

Poeta recién llegado
I

Vengo a confesar mi mayor pecado,
porque de ella yo estoy enamorado.

Yo no sabía que tenía dueño,
pero estaba conmigo hasta en mi sueño.

Perdóname Señor, por adorarla,
y aunque intento no dejo de extrañarla.

La pienso día y noche, cada instante,
este es mi castigo por ser su amante.

Desde el momento en que vi su semblante,
quise pulirla mejor que a un diamante.

La amé como se ama a una mujer pura,
yo no sabía que era una aventura.

En un comienzo no vi las señales,
pantalones, corbatas como tales.

Esas noches olvidamos al mundo,
debes saber, lo nuestro fue fecundo.

Dime qué hago con este sentimiento,
si de esa mujer hasta me habla el viento.

Jugó conmigo con todo descaro,
no, yo no necesito de su amparo.

Quiero que ella me explique, qué está haciendo,
¿no se da cuenta que me estoy muriendo?

Me muero por tenerla entre mis brazos,
ceñirla en mí, ceñirla en mis abrazos.

Es increíble que se haya burlado,
no imaginaba que tenía amado.

Su compañía los dos disfrutando,
y yo solo en mi cuarto lamentando.

Cómo pude enamorarme de ella,
mujer mayor, como una vieja estrella;

que aunque ya no brilla más como antes,
guarda muchos tesoros elegantes.

Pero me enamoraron sus encantos,
sus gemidos debajo de sus santos.

Son cómplices sus sábanas violetas,
que en serio volamos como cometas.

Y se sintió otra vez joven conmigo,
por las noches fuiste el mejor testigo.

Quiso extasiarse hasta proferir basta,
hizo el amor como lo hace una casta.

Pero al ofrecerle mi fiel cariño,
me dijo: "te amo, pero eres un niño,

necesitas aprender más de todo."
En otras palabras, me botó al lodo.

II

Me dirijo a su hombre, y con mucha calma,
le cuento lo que almaceno en mi alma:

"No trato de gritarte mi victoria,
pero soy parte corta de su historia.

Por ahora es necesario encararla,
porque jamás lograrás perdonarla.

Entregarás tus caricias en vano,
pues tu amor a ella le será lejano.

Tu mujer, la dama que está contigo,
en muchas noches estuvo conmigo.

Disfrutando mis besos, mis caricias,
lo siento por estas malas noticias.

Todavía tengo en mí su mirada,
de noches acostada en mi almohada;

sabiendo que yo era tan inexperto,
hasta el alba me mantuvo despierto.

No podrá evitar algunos sollozos,
y en su soledad le hablarán sus gozos.

Las que nacieron al estar conmigo,
cuando sin temores era mi abrigo.

Pero debes saber la verdad. ¿Sabes?,
yo me enamoré de sus toques suaves.

Sé que no crees, que te estoy mintiendo,
eso pienso por cómo me estás viendo.

Contaré lo que ocurrió entre nosotros,
digo, no pelearemos como potros.

Sólo narraré lo que es necesario.
Para empezar vivo en el vecindario.

En la tienda que a tu mujer mandabas,
más cerca de lo que te imaginabas.

De ese lugar yo soy un dependiente,
recto, trabajador, que nunca miente.

Y aunque apenas tengo veintiún años,
no sabía nada de los engaños.

Pensé que era una mujer disponible,
no que era ajena, un amor imposible.

Cuando al dirigirse a mí aquella tarde,
olvidé mi conducta de cobarde.

Pues soy tímido, y algo inaccesible,
pero al verla me sentí un invencible.

Ven a mi casa mientras no trabaje,
me dijo. Usted creo estaba de viaje.

Te pido perdón, eres un buen hombre,
lo que hizo tu mujer no tiene nombre".​
 

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