POEMA DE LA NUEVA RICA
Me he enterado, señora, que ya no se viste sola,
que la visten Chanel y Christian Dior.
Y es que resulta caro vestirla a usted ahora
que se desvestía de gratis en nuestras noches de amor.
Y dicen que modela en las boutiques de renombre
los trapitos que le obsequia su generoso protector;
y pensar que no hace mucho usted posaba desnuda
su sedosa piel de musgo para un solo admirador.
Que usted viaja en un "Mercedes" es un hecho conocido,
con aire acondicionado y con vidrios contra el sol;
¿Recuerda mi auto viejo, aquél en que escondidos
sudábamos cuerpo a cuerpo cuando hacíamos el amor?
Y me cuentan que usted viaja en cruceros por el mundo
y frecuenta los balnearios con donaire y señorío;
y pensar que hasta hace poco nos quitábamos la ropa
para bañarnos desnudos en los recodos del río.
¡Ay!, como cambian los tiempos mi muy elegante dama,
con sus emplumadas batas y su perrito pekinés...;
cuando recuesta sus rizos entre espumosas almohadas
¿No recuerda usted la cama de aquel escondido hotel?
Que irónica es la vida, pues me comentan que usted
mandaría para el carajo a Chanel y Christian Dior,
al Mercedes y al crucero y al perrito pekinés,
con tal de vivir de nuevo la historia de nuestro amor.
DERECHOS RESERVADOS
LIBRO TATUAJES DEL ALMAS
Me he enterado, señora, que ya no se viste sola,
que la visten Chanel y Christian Dior.
Y es que resulta caro vestirla a usted ahora
que se desvestía de gratis en nuestras noches de amor.
Y dicen que modela en las boutiques de renombre
los trapitos que le obsequia su generoso protector;
y pensar que no hace mucho usted posaba desnuda
su sedosa piel de musgo para un solo admirador.
Que usted viaja en un "Mercedes" es un hecho conocido,
con aire acondicionado y con vidrios contra el sol;
¿Recuerda mi auto viejo, aquél en que escondidos
sudábamos cuerpo a cuerpo cuando hacíamos el amor?
Y me cuentan que usted viaja en cruceros por el mundo
y frecuenta los balnearios con donaire y señorío;
y pensar que hasta hace poco nos quitábamos la ropa
para bañarnos desnudos en los recodos del río.
¡Ay!, como cambian los tiempos mi muy elegante dama,
con sus emplumadas batas y su perrito pekinés...;
cuando recuesta sus rizos entre espumosas almohadas
¿No recuerda usted la cama de aquel escondido hotel?
Que irónica es la vida, pues me comentan que usted
mandaría para el carajo a Chanel y Christian Dior,
al Mercedes y al crucero y al perrito pekinés,
con tal de vivir de nuevo la historia de nuestro amor.
DERECHOS RESERVADOS
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