Henchido de sal y muslos
hollo pacientes arenas
y entre sus ansias pequeñas
hallo coleante mi pulso.
Dijérame el agua a secas
mi certeza, que ignoraba,
y ya supe que aguardába-
me entre mis típicas venas.
Escúpeme, cuerpo mío,
mar azul, irreductible.
Ya compromiso invencible
de vida me ata a mi olvido.
(En el mar siempre prosigo).