Fernando Marín Rodríguez
Poeta recién llegado
Solo queda el silencio vestido en esta estancia
donde dos cuerpos duermen desnudos todavía.
Una cruel batalla de la sexología
combatida y vencida con sudor y constancia.
Solo queda el olor de la piel; su fragancia
todo lo impregna ahora, porque todo lo ansía
penetrando en su cuerpo con vulgar osadía
una vez y otra vez con severa arrogancia.
Solo queda el amor. Solo amor en sus manos
Y se palpan desnudos. Y se ven tan humanos
Que es imposible, Dios, castigar el momento.
Y Tú, que fuiste hombre, sabrás de este lamento
por codiciar un cuerpo prohibido y deseado.
¡Dejémosles estar gozando del pecado!
© Fernando Marín
ROSAS DE INVIERNO (2010)
Editorial PROYNE
donde dos cuerpos duermen desnudos todavía.
Una cruel batalla de la sexología
combatida y vencida con sudor y constancia.
Solo queda el olor de la piel; su fragancia
todo lo impregna ahora, porque todo lo ansía
penetrando en su cuerpo con vulgar osadía
una vez y otra vez con severa arrogancia.
Solo queda el amor. Solo amor en sus manos
Y se palpan desnudos. Y se ven tan humanos
Que es imposible, Dios, castigar el momento.
Y Tú, que fuiste hombre, sabrás de este lamento
por codiciar un cuerpo prohibido y deseado.
¡Dejémosles estar gozando del pecado!
© Fernando Marín
ROSAS DE INVIERNO (2010)
Editorial PROYNE
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