Constantino
Poeta recién llegado
Apiádate amor mío al tocar mi cautela,
acosa la importuna soledad de cada año,
viértete, con helechos que gimen abrazados,
entierra tu cielo en la ciruela negra.
Reina del mar, en ti varan las lunas.
Bienvenida adecuada, venida lacrimal de océanos
en sombra de cada gránulo arenisco,
dorado del oro disipante y benévolo:
mientras no me llames a mis ríos.
En el fruto tras y trasmigrado,
encerrado en la posibilidad constante del ojo,
cenizo, enverdecido, erosionado o humedecido,
allí nos hallamos, sin fusionarnos.
Desconozco la torna del agua
y la cara que esconde bajo sus hélices,
frío veraniega o tibio anochece, bajo la fruta,
entre filones del lóbulo se encuentra la pregunta,
pero por el momento lleno de salientes
tu amor gobierna en mí sin remitente.
Constantino H.
acosa la importuna soledad de cada año,
viértete, con helechos que gimen abrazados,
entierra tu cielo en la ciruela negra.
Reina del mar, en ti varan las lunas.
Bienvenida adecuada, venida lacrimal de océanos
en sombra de cada gránulo arenisco,
dorado del oro disipante y benévolo:
mientras no me llames a mis ríos.
En el fruto tras y trasmigrado,
encerrado en la posibilidad constante del ojo,
cenizo, enverdecido, erosionado o humedecido,
allí nos hallamos, sin fusionarnos.
Desconozco la torna del agua
y la cara que esconde bajo sus hélices,
frío veraniega o tibio anochece, bajo la fruta,
entre filones del lóbulo se encuentra la pregunta,
pero por el momento lleno de salientes
tu amor gobierna en mí sin remitente.
Constantino H.