razyel
Poeta recién llegado
La tarde fría hace mugir los soles azules de mis labios.
Bala gélida la brisa que crispa las nubes y los sauces
de muñones que saludan torpes al amante de paisajes
de cristales rotos y microscopios incrustados en los ojos.
El rugido implacable de edificios taladra el mustio azul
que acostumbra el invierno cordobés. ¡Oh, furia metálica
amarilla cuántas siluetas has devorado en tu jornada!
¡Cuántos viajes perezosos y pasos le has quitado a la ciudad!
El círculo flameante besa destemplado las cabelleras
y desmelena al salvaje ejecutivo comprimido en su gris.
Claras manos de agua acarician mujeres que sacan la basura.
El aroma de panaderías compulsa fiebres en las entrañas.
Los bancos escupen rostros, cánceres y restos de naufragios.
Yo busco la luz que limpie la ciudad, que duerme bajo tus párpados.
Bala gélida la brisa que crispa las nubes y los sauces
de muñones que saludan torpes al amante de paisajes
de cristales rotos y microscopios incrustados en los ojos.
El rugido implacable de edificios taladra el mustio azul
que acostumbra el invierno cordobés. ¡Oh, furia metálica
amarilla cuántas siluetas has devorado en tu jornada!
¡Cuántos viajes perezosos y pasos le has quitado a la ciudad!
El círculo flameante besa destemplado las cabelleras
y desmelena al salvaje ejecutivo comprimido en su gris.
Claras manos de agua acarician mujeres que sacan la basura.
El aroma de panaderías compulsa fiebres en las entrañas.
Los bancos escupen rostros, cánceres y restos de naufragios.
Yo busco la luz que limpie la ciudad, que duerme bajo tus párpados.
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