Fenix_Poet
Poeta fiel al portal
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Vive en mí el recuerdo de la dulce niña
de cuerpo ágil y aroma de siempreviva
que alejaba de mis jardines el invierno,
dormido al calor de su febril pecho tierno.
Apegado a sus brazos como abeja a la flor;
mi piel se estremecía y embriagaba de amor,
mientras le susurraba palabras melosas
y en su pecho deshojaba blancas rosas.
¡Oh recuerdo de los felices días de frenesí!
Donde fue mejor joya que topacios y rubíes,
el amor sin freno que a su lado aprendí,
dormido en su cálido lecho de amor sin fin.
¡Oh, los felices días que no volverán!
¡Oh, las aves que se amaron y no cantarán!
¡Oh, las flores marchitas que no reverdecerán!
¡Oh, las vívidas noches que no amanecerán!
Que lastima no ver más el amanecer,
deleitándonos morosamente en el alba placer;
mientras te cantaba una vieja triste canción
y en cada nota, te entregaba el corazón.
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Vive en mí el recuerdo de la dulce niña
de cuerpo ágil y aroma de siempreviva
que alejaba de mis jardines el invierno,
dormido al calor de su febril pecho tierno.
Apegado a sus brazos como abeja a la flor;
mi piel se estremecía y embriagaba de amor,
mientras le susurraba palabras melosas
y en su pecho deshojaba blancas rosas.
¡Oh recuerdo de los felices días de frenesí!
Donde fue mejor joya que topacios y rubíes,
el amor sin freno que a su lado aprendí,
dormido en su cálido lecho de amor sin fin.
¡Oh, los felices días que no volverán!
¡Oh, las aves que se amaron y no cantarán!
¡Oh, las flores marchitas que no reverdecerán!
¡Oh, las vívidas noches que no amanecerán!
Que lastima no ver más el amanecer,
deleitándonos morosamente en el alba placer;
mientras te cantaba una vieja triste canción
y en cada nota, te entregaba el corazón.