Miryam V. Carrasco Sucre
Poeta recién llegado
POEMA OSCURO
Amor cuando estes mal no me pidas cosas extrañas,
no me pidas que cuando te mueras
yo vaya al cementerio y trepe sus muros
en una noche oscura,
para abrir tu tumba y robar tu calavera.
Porque tendrè que hacerlo y eso me causa terror,
meter las manos en tu fosa, toda llena de gusanos
y sòlo lo harìa por amor, tiemblo de pensar
en meter las manos en ese hervor de bichos.
Pero si me lo pides en esos momentos
no me dejas otro camino,tus ojos bellos y tiernos
en su momento ahora son dos orbitas vacìas,
por donde seguramente desde el cielo
me veràn tus ojos dulces,
y tu cuerpo se volviò algo inhumano
que los gusanos se lo comìan poco a poco.
Metì las manos en la horda de gusanos
y arranquè tu calavera, sentìa los insectos
caminando por mis brazos y parte de mi cuerpo.
Estaba muy asustada, sentìa que de repente
los muertos se iban a parar a asustarme por lo
que habìa hecho, por lo que agarrè la calavera
y salì corriendo.
Hoy te tengo en mi mesa de noche
y al abrir los ojos eres lo primero que veo,
las cuencas vacìas de tus ojos y la funebre sonrisa
en donde antes hubo una boca sensual y carnosa.
Yo le hablo y le cuento mis penas, porque puede ser
que me des la soluciòn.
Ahora pasaron los años y yo serè la eterne novia
de tu calavera, hasta el dìa que yo muera.
Y cuando me estè llendo, te dirè como frase de
adios y despedida.
Espèrame en el cielo mi amor, que ya pronto nos
vamos a reunir.
NOTA: Inspirado en la obra "El Poema Negro", a
modo de respuesta, del poeta colombiano
Claudio de Alas
Miryam V. Carrasco Sucre
Amor cuando estes mal no me pidas cosas extrañas,
no me pidas que cuando te mueras
yo vaya al cementerio y trepe sus muros
en una noche oscura,
para abrir tu tumba y robar tu calavera.
Porque tendrè que hacerlo y eso me causa terror,
meter las manos en tu fosa, toda llena de gusanos
y sòlo lo harìa por amor, tiemblo de pensar
en meter las manos en ese hervor de bichos.
Pero si me lo pides en esos momentos
no me dejas otro camino,tus ojos bellos y tiernos
en su momento ahora son dos orbitas vacìas,
por donde seguramente desde el cielo
me veràn tus ojos dulces,
y tu cuerpo se volviò algo inhumano
que los gusanos se lo comìan poco a poco.
Metì las manos en la horda de gusanos
y arranquè tu calavera, sentìa los insectos
caminando por mis brazos y parte de mi cuerpo.
Estaba muy asustada, sentìa que de repente
los muertos se iban a parar a asustarme por lo
que habìa hecho, por lo que agarrè la calavera
y salì corriendo.
Hoy te tengo en mi mesa de noche
y al abrir los ojos eres lo primero que veo,
las cuencas vacìas de tus ojos y la funebre sonrisa
en donde antes hubo una boca sensual y carnosa.
Yo le hablo y le cuento mis penas, porque puede ser
que me des la soluciòn.
Ahora pasaron los años y yo serè la eterne novia
de tu calavera, hasta el dìa que yo muera.
Y cuando me estè llendo, te dirè como frase de
adios y despedida.
Espèrame en el cielo mi amor, que ya pronto nos
vamos a reunir.
NOTA: Inspirado en la obra "El Poema Negro", a
modo de respuesta, del poeta colombiano
Claudio de Alas
Miryam V. Carrasco Sucre