child-of-the-grave
Poeta adicto al portal
Poema para el reverso de una tormenta
Versos desalineados,
de borracheras múltiples,
con sueños desafinados
y gritos de ahogado:
tumba del tiempo,
feromona del silencio,
estoy en celo y
tu vientre es anhelo
para engendrar el feto
plurilingüe, espíritu santo
de delirios pentecostales
egoístas como el amor a dios;
Yo, entiendo...
Por primera vez,
alguno que otro sueño,
neófito del entendimiento,
Yo, como virgen,
por primera vez
dolorosamente comprendo
la droga del soñar,
el laxante de llorar,
cómo se evaporan las auras
en la hornalla de gas,
ni helio ni metano,
el gas atrapasueños,
ladrón del aliento
que me quema hoy,
por dentro,
moldeándome como porcelana,
deformándome como masa,
esculpiéndome de rodillas,
aunque hace tiempo ya que no rezo...
Cabizbajo no encuentro el cielo
que alguien una vez
le prometió a las tormentas
que mis mares se tragan
y que a mi horizonte, hecho jirones,
humedecen, entristecen, envejecen
tal como la foto del marco
de madera de ataúd
con sonrisa pretérita pluscuamperfecta
y pestañas enmarañadas,
perenne enredadera mustia
a la que, en vano,
sigo echándole agua;
como si las cenizas volvieran a crecer
por el gotear de una canilla mal cerrada.
Versos desalineados,
de borracheras múltiples,
con sueños desafinados
y gritos de ahogado:
tumba del tiempo,
feromona del silencio,
estoy en celo y
tu vientre es anhelo
para engendrar el feto
plurilingüe, espíritu santo
de delirios pentecostales
egoístas como el amor a dios;
Yo, entiendo...
Por primera vez,
alguno que otro sueño,
neófito del entendimiento,
Yo, como virgen,
por primera vez
dolorosamente comprendo
la droga del soñar,
el laxante de llorar,
cómo se evaporan las auras
en la hornalla de gas,
ni helio ni metano,
el gas atrapasueños,
ladrón del aliento
que me quema hoy,
por dentro,
moldeándome como porcelana,
deformándome como masa,
esculpiéndome de rodillas,
aunque hace tiempo ya que no rezo...
Cabizbajo no encuentro el cielo
que alguien una vez
le prometió a las tormentas
que mis mares se tragan
y que a mi horizonte, hecho jirones,
humedecen, entristecen, envejecen
tal como la foto del marco
de madera de ataúd
con sonrisa pretérita pluscuamperfecta
y pestañas enmarañadas,
perenne enredadera mustia
a la que, en vano,
sigo echándole agua;
como si las cenizas volvieran a crecer
por el gotear de una canilla mal cerrada.