poetakabik
Poeta veterano en el portal
María… cuando llegas, la tormenta
que en mi silencio oscuro se escondía
se quiebra en claridad, y el alma mía
renace en un latido que la alienta.
No sé qué extraña paz me recupera
cuando tus ojos buscan mi mirada;
tal vez la leve luz que en ti reposa
o el modo en que tu voz se vuelve hoguera.
Tu nombre me acompaña en mis desvelos,
suaviza la inquietud que en mí germina;
pues basta imaginarte, y se ilumina
la sombra que habitaba mis anhelos.
Hay días en que el mundo es un murmullo
de horas sin sentido ni alborada;
mas basta con pensarte, y la jornada
se tiñe de un color tibio y profundo.
María, si supieras cuántas veces
con solo recordarte hallé consuelo…
tú eres la claridad tocando el cielo,
la brisa que a las dudas desmerece.
No busco poseerte, ni pretendo
atarnos a un deseo que lastime;
tu calma es ese soplo que redime,
la forma más sutil de lo que siento.
Y si la vida un día nos separa,
si el tiempo nos dispersa en su alegría,
mi pecho guardará lo que latía
cuando tu luz en mí se despertara.
Porque aunque no te tenga, sé que llevas
un algo de mi alma en tu ternura,
y en mí quedará siempre tu dulzura
rozando mis silencios… cuando llegas.
María… eres la bruma que serena,
la música que en paz me desvanece,
la mano del destino que me ofrece
un instante de amor con alma plena.
que en mi silencio oscuro se escondía
se quiebra en claridad, y el alma mía
renace en un latido que la alienta.
No sé qué extraña paz me recupera
cuando tus ojos buscan mi mirada;
tal vez la leve luz que en ti reposa
o el modo en que tu voz se vuelve hoguera.
Tu nombre me acompaña en mis desvelos,
suaviza la inquietud que en mí germina;
pues basta imaginarte, y se ilumina
la sombra que habitaba mis anhelos.
Hay días en que el mundo es un murmullo
de horas sin sentido ni alborada;
mas basta con pensarte, y la jornada
se tiñe de un color tibio y profundo.
María, si supieras cuántas veces
con solo recordarte hallé consuelo…
tú eres la claridad tocando el cielo,
la brisa que a las dudas desmerece.
No busco poseerte, ni pretendo
atarnos a un deseo que lastime;
tu calma es ese soplo que redime,
la forma más sutil de lo que siento.
Y si la vida un día nos separa,
si el tiempo nos dispersa en su alegría,
mi pecho guardará lo que latía
cuando tu luz en mí se despertara.
Porque aunque no te tenga, sé que llevas
un algo de mi alma en tu ternura,
y en mí quedará siempre tu dulzura
rozando mis silencios… cuando llegas.
María… eres la bruma que serena,
la música que en paz me desvanece,
la mano del destino que me ofrece
un instante de amor con alma plena.