Sergio Delgado
Poeta recién llegado
Tome ese poema con ansiedad,
con morbosidad y odió lo trituré,
primero en una mano,
luego en otra,
pensé en miles de poetas ausentes,
de todas las edades y siglos,
las hojas de otoño cayeron tan dóciles,
era un poema delirante, arcaico y frío,
no tenía derecho a vivir,
sin armonía en su estructura básica,
además el mundo parecía caerse a pedazos,
menos podía salvarse un conjunto de letras inconexas,
tan escuálidas en su contenido,
si, lo mandé a la mierda, no me arrepiento de mi acción.
Además mi poema era incapaz de crear algo,
de generar tu respuesta,
ni un suspiro, ni mi recuerdo lejano,
parecía despertar,
tan sólo era un poema triturado,
pulverizado por el calor de mi mano,
sólo era un momento de miedo transfigurado en letras,
salvajes letras llenas de lodo,
que resbalaban ausentes de vida.
con morbosidad y odió lo trituré,
primero en una mano,
luego en otra,
pensé en miles de poetas ausentes,
de todas las edades y siglos,
las hojas de otoño cayeron tan dóciles,
era un poema delirante, arcaico y frío,
no tenía derecho a vivir,
sin armonía en su estructura básica,
además el mundo parecía caerse a pedazos,
menos podía salvarse un conjunto de letras inconexas,
tan escuálidas en su contenido,
si, lo mandé a la mierda, no me arrepiento de mi acción.
Además mi poema era incapaz de crear algo,
de generar tu respuesta,
ni un suspiro, ni mi recuerdo lejano,
parecía despertar,
tan sólo era un poema triturado,
pulverizado por el calor de mi mano,
sólo era un momento de miedo transfigurado en letras,
salvajes letras llenas de lodo,
que resbalaban ausentes de vida.