Adolfo Alberto
Poeta recién llegado
No quiero gacelas oscuras en mi almohada,
ni casidas que me laman los huesos.
No quiero que me duermas con manzanas
ni que me repitas tu silencio.
No quiero dejar mi nostalgia, esta tristeza que como linfa suelta,
llena mi alma de moho y de suspiros.
Gemidos que se solidifican para hacerme morir,
lenta e inexorablemente.
Tu abandono, silencioso y sin explicación ninguna
construye en el estío un puente de indiferencia
que me hace ver que nunca te importé de veras.
Me hirió por dentro, en la espina dorsal de mis lágrimas,
vaciando mi alma, ahíta de tu pelvis.
No quisiste atravesar el mar y por años
sólo adormeciste mis dolores.
Pudiste haberme detenido a tiempo. No lo hiciste,
dejándome correr como el agua, hasta que,
sin remedio, me ahogaste en mi propia sangre.
"Es por que no quiero problemas", me dijiste,
sólo que lo notaste mucho después de haberme puesto alas
¿Para observar hasta dónde me quebrabas?
¿Por qué darme el suplicio más antiguo del planeta?
¿Por qué me dejaste correr por tanto tiempo,
para, en un instante, quemarme como yesca
y pedernal adolescente?
II
Este será mi último poema.
Uno que deja fluir a mi amargura.
Ni siquiera me diste la oportunidad de despedirme,
que hasta en eso jugaste, vida mía,
esperando ver mi lejanía
¿Tan sólo para asestar tu puñalada?
Pero no seré ya el amor,
¡ni soy el verso!
Soy un cólico que espera dolerte en el otoño.
En esos meses perdidos entre hermanos
en que me sentirás un día,
agazapado como una flor punzante de migajas
-de esas que siempre me aventaste -
hasta convertirlas en briznas de pan
¡Azuzando el dolor de tus ovarios!
Y en ésas, tus noches de amargura,
te encontrarás con mis heridas
marcándote la piel como hierro ardiente,
revolviéndose en tu vientre.
Recordaras al único hombre que te quiso,
sin importarle que jamás forzó tu paraíso.
Y descubrirás la enorme desventura del dolor causado en tu amargura.
Cuando encuentres que sólo te pedí un poquito de ternura
y a cambio recibí tu odio glaseado con dulzura.
Por que el ardid y la traición de la mentira
que utilizaste, no te engañes, con increíble hipocresía,
no salvará en mí esta eterna agonía
Pero en ti,
Extenderá bajo tu piel, tu cobardía.
Porque sabrás que destruiste mi cariño
a nombre de tu eterno temor al que dirán
Y dentro de ti encontrarás, qué grave error,
fue el dejarte llevar por los demás.
Porque caerás en un pozo de naranjas,
en un hoyo negro donde compartirás con nadie
tu miedo a las estrellas.
Y con Dios,
el orgasmo del demonio.
Porque te estrellarás en mi pecho de gigante,
y en mi gemido, verás morirme, bebiéndote mi sangre.
Estarás sola, en ese reino de caimanes,
donde has entregado tu existencia.
Y me sentirás prendido a tu yugular
...balando los llantos más horribles,
bramando mi tristeza por tu cuerpo.
Verás emborracharme en cremas de agave repentino,
buscando el cadalso suficiente para yeguar la luna en los rediles.
Y para menguar tu olvido
pervertirás para siempre, mi miseria.
III
Porque soy al fin
aquel niño oscuro que quiso cortarse el corazón,
pisando el empedrado de tus muslos
para perderse en el fresco adoquín,
de la tierra prometida de tu sexo.
El hombre que por años esperó por un día
en que tus promesas se cumplieran y por fin, a mi favor
hasta los dioses escupieran.
Pues sólo ellos sabrían
Que nunca fui el iceberg que concibe una familia.
Con tardes floreadas de té y de esperanza.
-Ni que tengo papel secante en las entrañas -
-Ni soy el matasellos de la tristeza -
-Ni la siempreviva, sonámbula y tísica -
-Ni el marcapasos estropeado de esta guerra -
Soy un prisma de rabia incrustado en el mañana
-Soy la litografía de tu mirada -
-Soy lo que dejaste de mí. Como ave de rapiña, al devorarme las entrañas -
Soy lo que dejaste de tu amor.
-Soy Napalm -
-Soy la mierda -
Y que nadie me intente mover de mi trinchera.
Mi trinchera que es un sitio en el recuerdo.
Mi trinchera que está en tu cuerpo,
y no la entiendo.
Mi trinchera que es el amor por ti.
Mi trinchera que somos
La trinchera, donde grito y rabio
contra mi mala yerba.
Porque jamás he entendido
que el amor es un lugar en el polvo.
Y el polvo
... una estación de la espera.
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