FRANCISCO RUBEN SANDEZ
Poeta recién llegado
Y ahí estaba nuevamente ella
Llorando sola frente a su ventana
Con una mirada triste y a la vez bella
Sufría esperando la mañana.
Y ahí estaba nuevamente yo
Observándola solo, en secreto
Contando cada lágrima
De su eterno sufrimiento.
En un cuarto solitario y frío
Cada noche la observaba
Deseando lo que jamás será mío
Cada día un poco más me enamoraba.
Ingenuamente solía pensar
Que por ella yo sentía amor
Pero lo que nunca podría pasar
Sería obtener su corazón.
Su ventana frente a la mía
Y ella a mi no me miraba
En la oscuridad yo me escondía
En la oscuridad yo la admiraba.
Pero ella no era como yo
Porque ella sola no vivía
Ella había entregado su corazón
A quien no lo merecía.
Un rufián al que llamaba esposo
Su vida en un martirio transformaba
Y absurdamente me sentía celoso
Porque el tenía lo que yo deseaba.
Desde mi cuarto impotente veía
Como lastimaban aquella hermosura
Como injustamente ella sufría
Y verla sufrir era mi tortura.
Hasta que un día no soporté más
Observar tan injusta vida
Y la decisión que habría de tomar
Sería mi acto suicida.
Busqué al ingrato que la golpeaba
Para reclamarle lo que sentía
Cada noche lo esperaba
Un intenso odio en mi crecía.
Y el día que en la calle lo encontré
Con sucias mujeres a su alrededor
Del cuello al instante lo tomé
Mirando en sus ojos el temor.
Desquité mi furia reprimida
En el cuerpo de aquel malnacido
Y aunque con mis manos le quité la vida
Me sentí al hacerlo, renacido.
Después de cometer tal atrocidad
Huí corriendo desesperado
Bañado en sangre regresé a mi hogar
Mas no importaba, la había salvado.
Solo aquel día fui feliz
La justicia pronto me encontraría
Y aunque para ella el culpable fui yo
Gracias a mi ella jamás lloraría.
Ahora de nuevo estoy en un cuarto frío
Solo y rodeado de lamentos
El haber amado lo que no fue mío
Ahora es mi eterno sufrimiento.
Su rostro veo en la luna llena
Ahora se dibuja en el una sonrisa
Yo muero lento, es mi pena
Pero ella es feliz y esa es mi dicha.
Poeta
Francisco Gamaniel Sandez G.
(Mi Hijo)
Llorando sola frente a su ventana
Con una mirada triste y a la vez bella
Sufría esperando la mañana.
Y ahí estaba nuevamente yo
Observándola solo, en secreto
Contando cada lágrima
De su eterno sufrimiento.
En un cuarto solitario y frío
Cada noche la observaba
Deseando lo que jamás será mío
Cada día un poco más me enamoraba.
Ingenuamente solía pensar
Que por ella yo sentía amor
Pero lo que nunca podría pasar
Sería obtener su corazón.
Su ventana frente a la mía
Y ella a mi no me miraba
En la oscuridad yo me escondía
En la oscuridad yo la admiraba.
Pero ella no era como yo
Porque ella sola no vivía
Ella había entregado su corazón
A quien no lo merecía.
Un rufián al que llamaba esposo
Su vida en un martirio transformaba
Y absurdamente me sentía celoso
Porque el tenía lo que yo deseaba.
Desde mi cuarto impotente veía
Como lastimaban aquella hermosura
Como injustamente ella sufría
Y verla sufrir era mi tortura.
Hasta que un día no soporté más
Observar tan injusta vida
Y la decisión que habría de tomar
Sería mi acto suicida.
Busqué al ingrato que la golpeaba
Para reclamarle lo que sentía
Cada noche lo esperaba
Un intenso odio en mi crecía.
Y el día que en la calle lo encontré
Con sucias mujeres a su alrededor
Del cuello al instante lo tomé
Mirando en sus ojos el temor.
Desquité mi furia reprimida
En el cuerpo de aquel malnacido
Y aunque con mis manos le quité la vida
Me sentí al hacerlo, renacido.
Después de cometer tal atrocidad
Huí corriendo desesperado
Bañado en sangre regresé a mi hogar
Mas no importaba, la había salvado.
Solo aquel día fui feliz
La justicia pronto me encontraría
Y aunque para ella el culpable fui yo
Gracias a mi ella jamás lloraría.
Ahora de nuevo estoy en un cuarto frío
Solo y rodeado de lamentos
El haber amado lo que no fue mío
Ahora es mi eterno sufrimiento.
Su rostro veo en la luna llena
Ahora se dibuja en el una sonrisa
Yo muero lento, es mi pena
Pero ella es feliz y esa es mi dicha.
Poeta
Francisco Gamaniel Sandez G.
(Mi Hijo)