KngSuggar
Poeta recién llegado
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Poema
I.
El poema es despertar:
impulsos, que nos convidan su fuerza de voluntad.
Extremidades.
Escaleras de huesos, techos de uñas.
Grietas que han sido abiertas por esos techos.
Luz que ha encontrado en nuestra disposición
lechos.
Allí hacemos de los pecados veniales
una
confabulación de barcas que después
del naufragio, perduran en la memoria.
Los maderos de aquellas barcas,
despiertan para narrarnos
que extrañas fuerzas, inexplicables
nombres que vibran de miedo ante el polvo
los arrojaron del mar.
II.
El poema es despertar:
Cráneos blancos que suben al diván de un antro.
Buscan mediante la música, brazos de enfermos.
Un día entraron a los míos como un resplandor.
Adentro ya: te van bebiendo los ojos;
por eso, pozos como ves los míos,
han perdido ese dolor de ver, ese regocijo
de saber que sólo duermen
Cráneos blanco-marrón que persiguen jinetes.
Yeguas que bailan sobre los territorios de sus amos.
Allí llegan los cráneos a preñar la hierba que tragan
las yeguas.
Corren entonces los jinetes sobre animales muertos.
Huele allí a devastación, a placentas secas.
Allí nacen aquellos que conocen la verdadera noche.
Lumbres primigenias que beben de los hombres,
sus extremidades prohibidas.
Arden como el mar y sus oleajes humanos.
III.
El poema es despertar:
Pájaros que han abandonado la facultad del vuelo.
Vehemencia de pájaros que bailan sobre
la oscuridad de palabras extrañas.
Buscan enloquecidos, pero no encuentran esa paz.
Oran a la media noche por los favores recibidos.
Sueñan en la madrugada con ramas con alas.
-No me lleven, no se lleven mi canción-
Carguen ahora:
árboles con nidos hechos de mis dedos.
-ellos los arrullarán cuando regresen los azahares y,
cuando bajo la sombra de hojas que se mecen,
llegue la hora del apareamiento.
Cuando el miedo al aire, se desvanezca
por el tiritar de los nudillos de mis dedos-
IV.
El poema es despertar:
Sismos que se apropian de los únicos impulsos
que conservan las singladuras.
Dejan sedimentar tras el impudor de las horas
esa frialdad que recorre el cuerpo.
Esa llama invisible que sale por nuestros ojos,
para quemar aquello que sabemos,
no nos ha pertenecido.
Por eso es que lloramos del mar su único
nombre. Su extensión hirviente.
El llanto que esconde una máscara
riendo al conocer el sismo que sale
de nuestros márgenes óseos.
El peregrinar de ese sismo es quien
nos conduce la sangre.
El discurrir de esa fiebre, por nuestras
escamas
es quien verdaderamente
nos sacude llanto y rabia, admiración o nostalgia.
V.
El poema es despertar:
La veracidad de la locura. Porque:
Sólo vive quien se sabe un loco.
I.
El poema es despertar:
impulsos, que nos convidan su fuerza de voluntad.
Extremidades.
Escaleras de huesos, techos de uñas.
Grietas que han sido abiertas por esos techos.
Luz que ha encontrado en nuestra disposición
lechos.
Allí hacemos de los pecados veniales
una
confabulación de barcas que después
del naufragio, perduran en la memoria.
Los maderos de aquellas barcas,
despiertan para narrarnos
que extrañas fuerzas, inexplicables
nombres que vibran de miedo ante el polvo
los arrojaron del mar.
II.
El poema es despertar:
Cráneos blancos que suben al diván de un antro.
Buscan mediante la música, brazos de enfermos.
Un día entraron a los míos como un resplandor.
Adentro ya: te van bebiendo los ojos;
por eso, pozos como ves los míos,
han perdido ese dolor de ver, ese regocijo
de saber que sólo duermen
Cráneos blanco-marrón que persiguen jinetes.
Yeguas que bailan sobre los territorios de sus amos.
Allí llegan los cráneos a preñar la hierba que tragan
las yeguas.
Corren entonces los jinetes sobre animales muertos.
Huele allí a devastación, a placentas secas.
Allí nacen aquellos que conocen la verdadera noche.
Lumbres primigenias que beben de los hombres,
sus extremidades prohibidas.
Arden como el mar y sus oleajes humanos.
III.
El poema es despertar:
Pájaros que han abandonado la facultad del vuelo.
Vehemencia de pájaros que bailan sobre
la oscuridad de palabras extrañas.
Buscan enloquecidos, pero no encuentran esa paz.
Oran a la media noche por los favores recibidos.
Sueñan en la madrugada con ramas con alas.
-No me lleven, no se lleven mi canción-
Carguen ahora:
árboles con nidos hechos de mis dedos.
-ellos los arrullarán cuando regresen los azahares y,
cuando bajo la sombra de hojas que se mecen,
llegue la hora del apareamiento.
Cuando el miedo al aire, se desvanezca
por el tiritar de los nudillos de mis dedos-
IV.
El poema es despertar:
Sismos que se apropian de los únicos impulsos
que conservan las singladuras.
Dejan sedimentar tras el impudor de las horas
esa frialdad que recorre el cuerpo.
Esa llama invisible que sale por nuestros ojos,
para quemar aquello que sabemos,
no nos ha pertenecido.
Por eso es que lloramos del mar su único
nombre. Su extensión hirviente.
El llanto que esconde una máscara
riendo al conocer el sismo que sale
de nuestros márgenes óseos.
El peregrinar de ese sismo es quien
nos conduce la sangre.
El discurrir de esa fiebre, por nuestras
escamas
es quien verdaderamente
nos sacude llanto y rabia, admiración o nostalgia.
V.
El poema es despertar:
La veracidad de la locura. Porque:
Sólo vive quien se sabe un loco.