Hogueras gitanas, y la plaza de Lorca;
tertulias del café, con los rumores del sueño, y el búho mágico.
Con la restauración de gigantes,
esos jilgueros que anidan en el gesto,
y la musicalidad medicinal de los limoneros.
Sus infancias de huellas jazmín,
que persiguen salamanquesas,
mientras observa la luna.
Horizontes, en promesas de seda,
y las voces de las muchachas, cándidamente etéreas.
Y se me antojan los ojos, celdillas de miel, al mirarla;
dama de mi vida, de piel morena,
y negros cabellos de brillos hipnóticos.
Ciudad que persigues, los naipes de mil colores,
los altares de palomas blancas…
lo que os sugieren, los bólidos ilimitados de la inspiración...
esas canciones, desnudas, para abrazar, esqueletos de musgos…
aullidos del monte, las madrugadas.
Y queremos reunir, vientos y quijotes,
esos vientos de castañuelas y manos maternales…
poemarios de verbena, perfectos de vino y fresa;
de cocteleras de la cultura del barrio.
Los festivales de ese cielo, que abriga más contigo…
tertulias del café, con los rumores del sueño, y el búho mágico.
Con la restauración de gigantes,
esos jilgueros que anidan en el gesto,
y la musicalidad medicinal de los limoneros.
Sus infancias de huellas jazmín,
que persiguen salamanquesas,
mientras observa la luna.
Horizontes, en promesas de seda,
y las voces de las muchachas, cándidamente etéreas.
Y se me antojan los ojos, celdillas de miel, al mirarla;
dama de mi vida, de piel morena,
y negros cabellos de brillos hipnóticos.
Ciudad que persigues, los naipes de mil colores,
los altares de palomas blancas…
lo que os sugieren, los bólidos ilimitados de la inspiración...
esas canciones, desnudas, para abrazar, esqueletos de musgos…
aullidos del monte, las madrugadas.
Y queremos reunir, vientos y quijotes,
esos vientos de castañuelas y manos maternales…
poemarios de verbena, perfectos de vino y fresa;
de cocteleras de la cultura del barrio.
Los festivales de ese cielo, que abriga más contigo…