javierzoe
Poeta recién llegado
LETANÍA ARA UNA VIDA APÓCRIFA
1
Ahora es el momento:
Ya no es insólita la visión del amanecer,
ni la ascensión del día
que sacraliza la desnudez de la noche.
Ahora es el momento
en que la razón se disuelve para maldecir
la noche con una vigilia
de artificiosos sueños sin luna.
Obstinados nocturnos:¡ soledades incisivas!.
El hombre posa su mirada en las cosas,
y llega a comprender al búho
sin haber empezado a entenderse consigo mismo.
Ahora espera la luz de su estrella,
busca su silueta en la piel de ébano celeste.
Nada...Inquietud...Renuncia.
Como olas de mar anónimo llegan dudas,
tan oscuras, tan desesperantes,
como un paseo por la cara oculta de la luna.
Y la noche manifiesta soledades:
la luciérnaga renueva su pensamiento,
la sierpe sisea su alegoría de deseos,
el árbol se ensueña en su apodíctico silencio;
y en el deambulante corazón del hombre,
el vértigo del que espera sobre la nada.
2
Olvidé
el azur obsesivo del mar,
y el trémulo cántico
con el que las olas besan las playas.
Olvidé
el perenne sueño de las montañas,
y el color de la lluvia
que las llena de verdes nombres.
Olvidé
el silencio plateado del río,
el brillo cristalino de sus piedras,
y su épica memoria marina
que cantan y danzan sus duendes.
Olvidé.
Tan sólo queda la sensación
de haber transitado por el misterio.
1
Ahora es el momento:
Ya no es insólita la visión del amanecer,
ni la ascensión del día
que sacraliza la desnudez de la noche.
Ahora es el momento
en que la razón se disuelve para maldecir
la noche con una vigilia
de artificiosos sueños sin luna.
Obstinados nocturnos:¡ soledades incisivas!.
El hombre posa su mirada en las cosas,
y llega a comprender al búho
sin haber empezado a entenderse consigo mismo.
Ahora espera la luz de su estrella,
busca su silueta en la piel de ébano celeste.
Nada...Inquietud...Renuncia.
Como olas de mar anónimo llegan dudas,
tan oscuras, tan desesperantes,
como un paseo por la cara oculta de la luna.
Y la noche manifiesta soledades:
la luciérnaga renueva su pensamiento,
la sierpe sisea su alegoría de deseos,
el árbol se ensueña en su apodíctico silencio;
y en el deambulante corazón del hombre,
el vértigo del que espera sobre la nada.
2
Olvidé
el azur obsesivo del mar,
y el trémulo cántico
con el que las olas besan las playas.
Olvidé
el perenne sueño de las montañas,
y el color de la lluvia
que las llena de verdes nombres.
Olvidé
el silencio plateado del río,
el brillo cristalino de sus piedras,
y su épica memoria marina
que cantan y danzan sus duendes.
Olvidé.
Tan sólo queda la sensación
de haber transitado por el misterio.