El regreso de Alfonsina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Kamala Das (1934-2009)
Nacida en Kerala, un rico estado al sur de India, en el seno de una también rica familia, Kamala Das es una curiosidad entre las poetas postcoloniales: sus novelas están escritas tanto en malayalam, la lengua del estado, como en inglés, pero sus poemas sólo los escribió en inglés, un gesto ampliamente criticado (así como fue criticado todo lo que escribió, por distintas razones). Su autobiografía Mi Historia (Ente Katha, 1973) fue un auténtico hit que sacudió a la alta sociedad de Kerala, ya que nadie se había atrevido antes a narrar experiencias íntimas, carnales y lujuriosas con tanto detalle, muchísimo menos una mujer de buena familia. Su propio padre intentó paralizar su publicación, que salía mensualmente en una revista literaria. Recibió todos los apelativos clásicos que la población masculina usa contra una mujer que se sale de las normas establecidas por ellos mismo, todo esto, mientras Kamala era tratada de leucemia en el hospital. Su conversión al islam causó también ampollas, esta vez en todo el país e incluso entre algunos grupos de mujeres que antes la apoyaban. La franqueza de su prosa despertó interés en su poesía; pero más allá de esa superficial curiosidad que sintió el público indio por la agitada vida de Kamala Das, lo cierto es que las poetas que vinieron detrás de ella vieron en ella un modelo a seguir como mujer y como escritora.
Nacida en Kerala, un rico estado al sur de India, en el seno de una también rica familia, Kamala Das es una curiosidad entre las poetas postcoloniales: sus novelas están escritas tanto en malayalam, la lengua del estado, como en inglés, pero sus poemas sólo los escribió en inglés, un gesto ampliamente criticado (así como fue criticado todo lo que escribió, por distintas razones). Su autobiografía Mi Historia (Ente Katha, 1973) fue un auténtico hit que sacudió a la alta sociedad de Kerala, ya que nadie se había atrevido antes a narrar experiencias íntimas, carnales y lujuriosas con tanto detalle, muchísimo menos una mujer de buena familia. Su propio padre intentó paralizar su publicación, que salía mensualmente en una revista literaria. Recibió todos los apelativos clásicos que la población masculina usa contra una mujer que se sale de las normas establecidas por ellos mismo, todo esto, mientras Kamala era tratada de leucemia en el hospital. Su conversión al islam causó también ampollas, esta vez en todo el país e incluso entre algunos grupos de mujeres que antes la apoyaban. La franqueza de su prosa despertó interés en su poesía; pero más allá de esa superficial curiosidad que sintió el público indio por la agitada vida de Kamala Das, lo cierto es que las poetas que vinieron detrás de ella vieron en ella un modelo a seguir como mujer y como escritora.
Viejo patio de juegos
Habías planeado domesticar a un gorrión, sujetarlo
en el largo verano de tu amor para que ella se olvidara
no sólo de las crudas estaciones, y de los hogares dejados atrás,
sino también
de su naturaleza, de su necesidad de volar, de los caminos sin fin
de los cielos. No fue para aprender sobre aun otro hombre más
que me acerqué a ti, sino para aprender
qué era yo, y aprendiendo, aprender a crecer, pero todas
tus lecciones eran sobre ti mismo. Estabas satisfecho
con la respuesta de mi cuerpo, con su clima, sus habituales
convulsiones superficiales. Babeaste saliva en mi boca, te vertiste
a ti mismo en cada recoveco, embalsamaste
mi pobre lujuria en tus jugos agridulces. Me llamaste esposa,
y fui enseñada a poner sacarina en tu té y a ofrecerte
tus vitaminas en el momento adecuado. Acobardándome
ante tu ego monstruoso me comí el pastelillo mágico
y me convertí en una enana. Perdí mi voluntad y mi razón,
a todas tus preguntas solo murmuraba respuestas incoherentes.
El verano empieza a palidecer. Recuerdo las brisas hostiles
del otoño y el humo de las hojas ardiendo. Tu habitación siempre
está iluminada por luces artificiales, tus ventanas siempre
están cerradas. Incluso el aire acondicionado apenas ayuda,
tan penetrante es el olor masculino de tu aliento. Las flores cortadas
en el jarrón han empezado a oler a sudor humano. No hay
más canciones, no hay más bailes, mi mente es un viejo patio de juegos
cuyas luces están todas apagadas.
La técnica del hombre fuerte es siempre la misma,
ofrece su amor en dosis letales,
pues el amor es Narciso asomado a la orilla, hechizado
por su propio rostro solitario, y aun así debe buscar finalmente un final,
una libertad total y pura, debe desear que los espejos
se rompan y que el rey de la noche borre las aguas.
Habías planeado domesticar a un gorrión, sujetarlo
en el largo verano de tu amor para que ella se olvidara
no sólo de las crudas estaciones, y de los hogares dejados atrás,
sino también
de su naturaleza, de su necesidad de volar, de los caminos sin fin
de los cielos. No fue para aprender sobre aun otro hombre más
que me acerqué a ti, sino para aprender
qué era yo, y aprendiendo, aprender a crecer, pero todas
tus lecciones eran sobre ti mismo. Estabas satisfecho
con la respuesta de mi cuerpo, con su clima, sus habituales
convulsiones superficiales. Babeaste saliva en mi boca, te vertiste
a ti mismo en cada recoveco, embalsamaste
mi pobre lujuria en tus jugos agridulces. Me llamaste esposa,
y fui enseñada a poner sacarina en tu té y a ofrecerte
tus vitaminas en el momento adecuado. Acobardándome
ante tu ego monstruoso me comí el pastelillo mágico
y me convertí en una enana. Perdí mi voluntad y mi razón,
a todas tus preguntas solo murmuraba respuestas incoherentes.
El verano empieza a palidecer. Recuerdo las brisas hostiles
del otoño y el humo de las hojas ardiendo. Tu habitación siempre
está iluminada por luces artificiales, tus ventanas siempre
están cerradas. Incluso el aire acondicionado apenas ayuda,
tan penetrante es el olor masculino de tu aliento. Las flores cortadas
en el jarrón han empezado a oler a sudor humano. No hay
más canciones, no hay más bailes, mi mente es un viejo patio de juegos
cuyas luces están todas apagadas.
La técnica del hombre fuerte es siempre la misma,
ofrece su amor en dosis letales,
pues el amor es Narciso asomado a la orilla, hechizado
por su propio rostro solitario, y aun así debe buscar finalmente un final,
una libertad total y pura, debe desear que los espejos
se rompan y que el rey de la noche borre las aguas.
https://es.wikipedia.org/wiki/Kamala_Surayya
Hira Bansode (1939)
Nacida en el estado de Maharastra, cuya capital es la famosa ciudad de Mumbai (antes, Bombay), Hira Bansoda escribe sólo en lengua marathi. Pertenece a la casta "mahar", una de las castas intocables en Maharastra. Las experiencias traumáticas vividas en su infancia por la marginación social que sufren los intocables en la India y los tremendos prejuicios del resto de la población, así como su experiencia como mujer en ese contexto, la marcaron dolorosamente. La mayor parte de sus poemas tratan de la situación de la mujer en la sociedad india, y especialmente de la opresión que sufren las mujeres intocables, a manos de los hombres de su propia casta, de los hombres de castas altas, y en especial, de las mujeres de casta alta. Habla de las relaciones, casi incompatibles, entre hombres y mujeres, de la pobreza, hambre, crueldad y explotación que sufren los intocables y critica el sistema de castas.
Mujer
Ella, el río,
Le dijo a él, el mar:
Toda mi vida
he estado disolviéndome
y fluyendo hacia ti
sacrificándome
Al final fui yo
quien se convirtió en mar
el regalo de una mujer
Es tan grande como el cielo
Pero tú seguiste adorándote a ti mismo
nunca pensaste en convertirte en río
y en confluir conmigo.
Mamta Kalia (1940)
Kalia es una poeta que escribe en tanto en hindi como en inglés, sin problemas de transición. Su poesía está caracterizada por un tono ligero e irónico. Usa un lenguaje de apariencia conversacional e idiomática, economizado, y construye sus poemas de una manera ajustada al milímetro para alcanzar un matiz humorístico que Eunice de Souza resalta en su poesía. En definitiva, Mamta Kalia captura lo tragicómica que puede llegar a ser la rutina.
Pura Buena Suerte
Tantas cosas
hubieran podido pasarme.
Podría haber sido secuestrada
a la edad de siete años
y haber sido violada
por una panda de hombres pervertidos.
Mi familia podría haberme casado
con un hombre de mal aliento
y podría haberme vuelto tan frígida
como un congelador.
Pude haber sido una mujer analfabeta
que marcara con su pulgar
los recibos del alquiler.
Pero nada me pasó nunca
excepto dos partos
y dos abortos.
https://en.wikipedia.org/wiki/Mamta_Kalia